La conferencia oficialmente terminó a las 2pm. Concluidas las actividades y despedidas, regresé al hostal a cambiarme. En recepción pedí consejo sobre cómo aprovechar al máximo el resto del día, ya que estaba anocheciendo tarde a pesar de ser tan solo Mayo. Me recomendaron darme una vuelta por el archipiélago sur y me indicaron como llegar a Saltholmen, el muelle donde parten los ferries.
El recorrido en tram dura unos 30 minutos desde el centro de Gotemburgo hasta Saltholmen. Ya en el muelle me puse a revisar los horarios e itinerarios de los ferries. Terminé eligiendo la salida más próxima, que iba a la isla de Brännö.
En las islas del archipiélago sur no se permiten automóviles, por lo que son agradablemente tranquilas. La población local se mueve en bicicletas y carritos de golf. Yo no tenía ni uno ni otro, así que hice lo que mejor se hacer: caminar.
Será porque era domingo pero me encontré si acaso 3 personas en mi recorrido de norte a sur por la isla. Aprecié amplios pastizales con ovejas, lindas casas de madera y encontré una playa (de agua helada). Hay varios puntos altos en la isla y por supuesto los trepé, obteniendo como recompensa unas vistas panorámicas hermosas.
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Aún tenía edificios que tachar de mi lista de cosas por ver en Gotemburgo, por lo que tomé otro tram hacia el centro antiguo para visitar la Feskekörka o iglesia del pescado. En realidad es una pescadería pero le llaman así porque el edificio parece una iglesia neo gótica. Obviamente por ser domingo estaba cerrada.
El sol caía lentamente y me dieron las 9pm. De la Feskekörka crucé el canal y regresé al barrio de Haga. Atravesé sus impasibles calles y caminé de vuelta hacia el hostal, tratando de apreciar esta ciudad sueca lo más que podía durante mis últimas horas.



















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