domingo, 18 de agosto de 2019

Göteborg - día 2

Si el jueves me recibió frío, gris y con lluvia, el domingo lo compensó con un precioso día soleado.

La conferencia oficialmente terminó a las 2pm. Concluidas las actividades y despedidas, regresé al hostal a cambiarme. En recepción pedí consejo sobre cómo aprovechar al máximo el resto del día, ya que estaba anocheciendo tarde a pesar de ser tan solo Mayo. Me recomendaron darme una vuelta por el archipiélago sur y me indicaron como llegar a Saltholmen, el muelle donde parten los ferries.

El recorrido en tram dura unos 30 minutos desde el centro de Gotemburgo hasta Saltholmen. Ya en el muelle me puse a revisar los horarios e itinerarios de los ferries. Terminé eligiendo la salida más próxima, que iba a la isla de Brännö.



En las islas del archipiélago sur no se permiten automóviles, por lo que son agradablemente tranquilas. La población local se mueve en bicicletas y carritos de golf. Yo no tenía ni uno ni otro, así que hice lo que mejor se hacer: caminar.





Será porque era domingo pero me encontré si acaso 3 personas en mi recorrido de norte a sur por la isla. Aprecié amplios pastizales con ovejas, lindas casas de madera y encontré una playa (de agua helada). Hay varios puntos altos en la isla y por supuesto los trepé, obteniendo como recompensa unas vistas panorámicas hermosas.





Tras un par de horas merodeando, tomé el ferry de regreso. Por si solo, el recorrido entre las islas es muy pintoresco.





De vuelta en tierra firme, mi siguiente parada fue la iglesia en el barrio de Masthugget o Masthuggskyrkan, situada sobre una colina con vistas panorámicas de Gotemburgo.




Aún tenía edificios que tachar de mi lista de cosas por ver en Gotemburgo, por lo que tomé otro tram hacia el centro antiguo para visitar la Feskekörka o iglesia del pescado. En realidad es una pescadería pero le llaman así porque el edificio parece una iglesia neo gótica. Obviamente por ser domingo estaba cerrada.




El sol caía lentamente y me dieron las 9pm. De la Feskekörka crucé el canal y regresé al barrio de Haga. Atravesé sus impasibles calles y caminé de vuelta hacia el hostal, tratando de apreciar esta ciudad sueca lo más que podía durante mis últimas horas.

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