lunes, 18 de noviembre de 2019

Oslo - parte 2

Todo el sábado y la mañana del domingo estuve en el entrenamiento de Toastmasters (la razón del viaje a Oslo). El domingo, al terminar, hice mancuerna de nuevo con Steve para recorrer el resto de Oslo. Llegamos al puerto, donde encontramos varios foodtrucks y nos decidimos por el que parecía más noruego. Terminé pidiendo una hamburguesa de pescado, con queso café, tocino, salsa de lingonberry (un tipo de mora) y crema ácida. Si, suena rara la combinación pero todo junto tenía muy buen sabor.



El queso café, o Brunost, es una de esas curiosidades noruegas que tienen que tienen que probar y no, no es queso tal cual. El suero de la leche de cabra lo hierven hasta que se caramelizan los azúcares y ¡taraaaaan! se forma el bloquecito de "queso". De hecho me gustó el sabor, tal vez porque me recordó a la cajeta :)



En lo que terminamos de comer nos alcanzó Alexandra, la directora de división (que también vive en Núremberg). Andábamos dispuestos a la aventura, así que nos embarcamos en el primer ferry que vimos, el cual nos llevó a Hovedøya, una de las islas en el fiordo de Oslo. En el mapa se ve grande, pero en realidad atravesamos la isla a pie en 15 minutos. En su interior se encuentra una antigua abadía, por ahí del siglo 12.






En el ferry de regreso nos alcanzó otro compañero de Múnich. Recorrimos todo Aker Brygge (aka. el malecón) hasta llevar a Tjuvholem, la parte moderna y fancy de la ciudad. Las fotos no lo muestran pero el día estaba frío, por lo que entramos al café del museo de arte moderno Astrup Feanley a calentarnos con un cafecito.




Afortunadamente, el sol se dignó a salir. Con un mejor clima y un precioso atardecer, caminamos todo el malecón de regreso hasta la casa de la ópera y subimos al techo. De igual manera, aprovechamos para curiosear el interior del recinto.




Al día siguiente, lunes, me desperté sin prisas. En el desayuno me aventuré a probar la comida local, ya que en el buffet tienen una sección noruega con conservas de pescado: arenque en escabeche, arenque con mostaza, caballa (mackerel en inglés) en tomate (me supo a sardina) y camarones en crema. Sorprendentemente, todas me gustaron. No estoy segura de poder comer eso a diario, pero de vez en cuando no está mal. Ah si, incluí una última rebanada de queso café :P


Con la panza llena y tras hacer check-out, regresé al centro de Oslo. Ahí tomé un bus rumbo a Bygdøy, la península de los museos. En este lugar se encuentran el museo de cultura noruega, el museo de los barcos vikingos, el museo marítimo noruego, el museo del barco polar Fram y el museo de Kon-Tiki. Elegí este último por recomendación de mi padre, y vaya que estuvo interesante. No tenía ni idea de la historia pero ahí te la cuentan a detalle (chequen los links). Incluso llegué a tiempo para ver el documental original de 1950. Lo más impresionante es que tienen EL barco original.



Dieron las 2pm y poco a poco empecé la retirada. Tomé el bus de regreso al centro de Oslo y de ahí el tren con dirección al aeropuerto. En la sala de espera me encontré a Alexandra y juntas hicimos el trayecto de regreso a Núremberg. Terminé llegando a mi depa alrededor de las 11pm, muy cansada pero emocionada por todas las vivencias del fin de semana largo.