lunes, 18 de agosto de 2008

Eventos de familia

Este fin de semana que acaba de pasar me tocó viajar de pisa y regresa.

Fui a Tuxtla Gutiérrez, Chiapas a la boda de una prima (o ese creo que es el parentesco; hay que revisar el árbol genealógico).

El vuelo salió el sábado a las 9:35am, lo que implicó tomar carretera a las 8am. Lirida hizo el favor de llevarme y mi abuela también me acompañó.

Por primera vez en lo que llevo volando en Vivaaerobus, ¡el avión despegó a tiempo! Lo malo fue que no me sirvió de nada porque mis papás me recogieron del aeropuerto de Villahermosa una hora tarde. Solo paramos a comprar hamburguesas y echarle gasolina al carro y tomamos carretera hacia Chiapas.

Desde Villahermosa la ruta más corta es por Huimanguillo, lo malo es que hay muchas curvas y nunca falta un lento delante de ti. Lo bueno fue que eventualmente llegamos a Tuxtla y pasamos a Liverpool a comprar el regalo; mi madre aún no lo había comprado, siempre dejando todo para el final...

La misa fue a las 7pm en una pequeña iglesia toda de madera. Terminada ésta regresamos al hotel a seguir arreglándonos (nada más tuvimos 1 hora pues nos registramos a las 6pm en el hotel). Lo bueno es que el salón de eventos se encuentra justo enfrente y tuvimos tiempo para emperifollarnos.

La iglesia
El lugar estuvo agradable. A la fiesta asistieron familia y amigos de los novios, nada nuevo. Lo novedoso para mi era precisamente conocer toda esa familia que yo no conocía. Resulta que la novia y sus papás y hermanos vivieron hace muchos años en Minatitlán, creo que ya más de 20. Mi papá, quien ya trabajaba en Coatza, los visitaba frecuentemente. Esa estrechez se perdió un poco cuando se mudaron a Puebla.

Los recién casados

No les puedo decir que me reventé en la fiesta puesto que solo iba con mis papás, como mi hermana no quiso ir (tenía pretexto, ese día fue su cumple), además que no había nadie de edad cercana a la mía. Los invitados eran de +30 años y luego estaban todos los hijos de ellos, de 14 años para abajo.

Al día siguiente nos levantamos tarde y desayunamos con tranquilidad mientras platicábamos con otros familiares sobre cosas de familia como el árbol genealógico, relaciones de parentesco y varias anécdotas. Finalmente agarramos carretera hasta la 1pm.

Me gusta mucho Chiapas. Cuando me tocó viajar de copiloto me percaté de la sobrecogedora naturaleza y el tono de verde que esta tiene. Es un verde vivo, alegre, con ligeros tintes de amarillo. Muy distinto del verde que vi en los bosques europeos; ése es más sereno e intenso, con tonos de azul.
Vista de la carretera; mi mamá manejando, mi papá de copiloto

Por supuesto viajamos por la vía más rápida, cruzando la presa de Malpaso, solo que mi mamá se pasó de veloz; de la salida de Tuxtla a la entrada de Coatza hicimos 2:20 horas. Tan solo les digo que hasta el cinturón me puse cuando me tocó ir en el asiento de atrás y ver esas curvas en la carretera.

El domingo en Coatza no fue precisamente un día de descanso; le ayudé a mi mamá con la lavada de ropa y a barrer lo que había escarbado el perro en el patio. Mi papá regresó a México ese día por la noche.

A la mañana siguiente me tocó levantarme temprano para tomar el autobús rumbo al aeropuerto de Villahermosa y tomar el avión (también puntual) de regreso a Monterrey.

Dejo una foto tomada desde el puente Coatza I. Me doy cuenta que no tengo muchas fotos de la ciudad, por lo mismo que vivo ahí. A ver si en diciembre me voy unas vueltas para fotografiarla.

El río Coatzacoalcos y parte del puerto

viernes, 1 de agosto de 2008

Arena, sol y mar

Aunque el domingo dormí hasta la hora que quise, no me quedé encerrada en la casa como había mentalmente planeado.

Unos amigos de mi mamá nos invitaron a Jicacal, una comunidad del municipio de Pajapan que colinda con Coatzacoalcos.

Desde Coatzacoalcos tomas la carretera al aeropuerto hasta la desviación a Las Barrillas y entras a la congregación hasta llegar a la zona de restaurantes, donde esta el embarcadero y abordas una lancha que te lleva hasta Jicacal. Todo con tal de encontrar áreas más verdes y playas más limpias.

Vista del cerro de San Martín y la laguna desde la lancha

¡Por supuesto que ingerí productos propios de la región! Pidieron ensalada de mariscos, minilla, ceviche, 2 veces camarones para pelar y 2 veces también ostiones en su concha... puros manjares.