Todo el sábado y la mañana del domingo estuve en el entrenamiento de Toastmasters (la razón del viaje a Oslo). El domingo, al terminar, hice mancuerna de nuevo con Steve para recorrer el resto de Oslo. Llegamos al puerto, donde encontramos varios foodtrucks y nos decidimos por el que parecía más noruego. Terminé pidiendo una hamburguesa de pescado, con queso café, tocino, salsa de lingonberry (un tipo de mora) y crema ácida. Si, suena rara la combinación pero todo junto tenía muy buen sabor.
El queso café, o Brunost, es una de esas curiosidades noruegas que tienen que tienen que probar y no, no es queso tal cual. El suero de la leche de cabra lo hierven hasta que se caramelizan los azúcares y ¡taraaaaan! se forma el bloquecito de "queso". De hecho me gustó el sabor, tal vez porque me recordó a la cajeta :)
En lo que terminamos de comer nos alcanzó Alexandra, la directora de división (que también vive en Núremberg). Andábamos dispuestos a la aventura, así que nos embarcamos en el primer ferry que vimos, el cual nos llevó a Hovedøya, una de las islas en el fiordo de Oslo. En el mapa se ve grande, pero en realidad atravesamos la isla a pie en 15 minutos. En su interior se encuentra una antigua abadía, por ahí del siglo 12.
En el ferry de regreso nos alcanzó otro compañero de Múnich. Recorrimos todo Aker Brygge (aka. el malecón) hasta llevar a Tjuvholem, la parte moderna y fancy de la ciudad. Las fotos no lo muestran pero el día estaba frío, por lo que entramos al café del museo de arte moderno Astrup Feanley a calentarnos con un cafecito.
Afortunadamente, el sol se dignó a salir. Con un mejor clima y un precioso atardecer, caminamos todo el malecón de regreso hasta la casa de la ópera y subimos al techo. De igual manera, aprovechamos para curiosear el interior del recinto.
Al día siguiente, lunes, me desperté sin prisas. En el desayuno me aventuré a probar la comida local, ya que en el buffet tienen una sección noruega con conservas de pescado: arenque en escabeche, arenque con mostaza, caballa (mackerel en inglés) en tomate (me supo a sardina) y camarones en crema. Sorprendentemente, todas me gustaron. No estoy segura de poder comer eso a diario, pero de vez en cuando no está mal. Ah si, incluí una última rebanada de queso café :P
Con la panza llena y tras hacer check-out, regresé al centro de Oslo. Ahí tomé un bus rumbo a Bygdøy, la península de los museos. En este lugar se encuentran el museo de cultura noruega, el museo de los barcos vikingos, el museo marítimo noruego, el museo del barco polar Fram y el museo de Kon-Tiki. Elegí este último por recomendación de mi padre, y vaya que estuvo interesante. No tenía ni idea de la historia pero ahí te la cuentan a detalle (chequen los links). Incluso llegué a tiempo para ver el documental original de 1950. Lo más impresionante es que tienen EL barco original.
Dieron las 2pm y poco a poco empecé la retirada. Tomé el bus de regreso al centro de Oslo y de ahí el tren con dirección al aeropuerto. En la sala de espera me encontré a Alexandra y juntas hicimos el trayecto de regreso a Núremberg. Terminé llegando a mi depa alrededor de las 11pm, muy cansada pero emocionada por todas las vivencias del fin de semana largo.
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lunes, 18 de noviembre de 2019
domingo, 20 de octubre de 2019
Oslo - parte 1
Vuelo madrugador a las 6am. Tomé el primer metro a las 5am. Estaba tan modorra que olvidé checar el ticket. De buenas que no hay controladores a esa hora. En la sala de espera me encontré a otro compañero director de área de Toastmasters, Steve, quien traía la misma cara de dormido que yo. A los pocos minutos empezó el abordaje y sin retrasos partió el avión.
En Amsterdam matamos las 2 horas de conexión con un buen (y necesario) café. Pa' mi suerte, el segundo vuelo no fue tan agradable, ya que me tocó una niña berrinchuda de vecina. Eventualmente llegamos a nuestro destino, Oslo. La razón: entrenamiento del Distrito 95 para directores de división y área.
El aeropuerto está convenientemente conectado con su propia estación de trenes, por lo que tomamos uno que en 26 minutos nos dejó en el centro de la ciudad. Al llegar, buscamos una consigna donde dejar las maletas y buscamos algo de comer (ya rugía la panza). En esta ocasión no me di a la tarea de investigar, así que tomamos el free walking tour de la ciudad para que nos contaran sobre Oslo.
El punto de encuentro era junto a la estatua de un tigre, puesta ahí en honor al apodo de Oslo: Tigerstaden, o la ciudad tigre. Resulta que el poeta Bjørnstjerne Bjørnson escribió en 1870 un poema llamado "Sidste sang" que describe una batalla entre un caballo (representando el campo, seguro) y un tigre (representando la ciudad, peligrosa). Atrás quedaron los años "peligrosos"; hoy en día se interpreta a "la ciudad tigre" como algo emocionante y divertido.
Curiosamente, lo que vemos hoy en día es relativamente reciente. Como muchas ciudades del medievo, Oslo estaba hecha totalmente de madera y sufrió varios incendios. La encarnación actual data de 1624, cuando, tras arder por 3 días la ciudad, el rey Christian IV de Dinamarca ordenó que no se reconstruyera. En lugar de ello, se dice que agarró un mapa y donde apuntó su dedo, se construiría un nuevo asentamiento llamado Christiania (nada ególatra el rey). Eventualmente le regresaron el nombre de Oslo en 1925.
En la historia más reciente, durante los últimos 10 a 15 años han modernizado el paisaje urbano de Oslo. Vaya que les ha quedado precioso, sobre todo el área frente al mar. Destaca la casa de la ópera, que asemeja un iceberg, y el proyecto Barcode, llamado así por cómo los edificios asemejan un código de barras. El tour también nos llevó por la fortaleza, el puerto, el teatro nacional y el parlamento. Desafortunadamente no pudimos entrar al ayuntamiento (dicen que es impresionante por dentro) ya que era el último día de las elecciones y se disponían a empezar el conteo de los votos.
Al terminar el tour me encaminé hacia la locación donde tendría lugar el primer evento de Toastmasters del fin de semana. Atravesé el barrio de Grønland, el área multicultural de la ciudad. Para mi sorpresa, llegué a una microcervecería llamada Siste Sang. Resulta el presidente del club que sesiona en noruego es uno de los socios y prestó el lugar para la ocasión. Sobra decir que me atoré en la barra pidiendo recomendaciones de cervezas. Como 2a sorpresa, el bartender resultó ser mexicano (¡estamos en todos lados!). Las presentaciones tuvieron lugar en la parte de los tanques y al terminar nos dieron una explicación del proceso de fabricación de cerveza.
Dichosos días largos del verano, salimos del evento aún con la luz del sol y nos dirigimos a un restaurante para cenar. Aunque después algunos le siguieron de largo, esa noche no hubo fiesta para mi. Solo quería llegar a la cama y dormir.
En Amsterdam matamos las 2 horas de conexión con un buen (y necesario) café. Pa' mi suerte, el segundo vuelo no fue tan agradable, ya que me tocó una niña berrinchuda de vecina. Eventualmente llegamos a nuestro destino, Oslo. La razón: entrenamiento del Distrito 95 para directores de división y área.
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| Desde el cielo se veía precioso el panorama. Tal vez mi padre tenga razón en eso de visitar los fiordos. |
El punto de encuentro era junto a la estatua de un tigre, puesta ahí en honor al apodo de Oslo: Tigerstaden, o la ciudad tigre. Resulta que el poeta Bjørnstjerne Bjørnson escribió en 1870 un poema llamado "Sidste sang" que describe una batalla entre un caballo (representando el campo, seguro) y un tigre (representando la ciudad, peligrosa). Atrás quedaron los años "peligrosos"; hoy en día se interpreta a "la ciudad tigre" como algo emocionante y divertido.
Curiosamente, lo que vemos hoy en día es relativamente reciente. Como muchas ciudades del medievo, Oslo estaba hecha totalmente de madera y sufrió varios incendios. La encarnación actual data de 1624, cuando, tras arder por 3 días la ciudad, el rey Christian IV de Dinamarca ordenó que no se reconstruyera. En lugar de ello, se dice que agarró un mapa y donde apuntó su dedo, se construiría un nuevo asentamiento llamado Christiania (nada ególatra el rey). Eventualmente le regresaron el nombre de Oslo en 1925.
En la historia más reciente, durante los últimos 10 a 15 años han modernizado el paisaje urbano de Oslo. Vaya que les ha quedado precioso, sobre todo el área frente al mar. Destaca la casa de la ópera, que asemeja un iceberg, y el proyecto Barcode, llamado así por cómo los edificios asemejan un código de barras. El tour también nos llevó por la fortaleza, el puerto, el teatro nacional y el parlamento. Desafortunadamente no pudimos entrar al ayuntamiento (dicen que es impresionante por dentro) ya que era el último día de las elecciones y se disponían a empezar el conteo de los votos.
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| Casa de la ópera |
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| Fortaleza |
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| Puerto |
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| Ayuntamiento |
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| Parlamento |
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| Barcode project |
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| Una casilla de votación |

Dichosos días largos del verano, salimos del evento aún con la luz del sol y nos dirigimos a un restaurante para cenar. Aunque después algunos le siguieron de largo, esa noche no hubo fiesta para mi. Solo quería llegar a la cama y dormir.
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