jueves, 7 de agosto de 2014

Semana Santa 2014: De ida a Guatemala

No paró de llover en toda la noche. A las 6am pasó el transporte a recogernos al hostal y seguía lloviznando. Lo bueno fue que conforme avanzábamos al sur disminuía la lluvia, quedando solo las nubes sobre las montañas.


Alrededor de las 8am paramos a desayunar a un comedor sobre la carretera, el cual creo debe ser un negociazo para las señoras que lo atienden porque estaba a reventar de gente, todos de camionetas de tours. Desafortunadamente el precio de mi traslado no incluía el desayuno y tuve que desembolsar $80. Sin embargo la comida estuvo buena: jugo de naranja natural, café chiapaneco, huevo revuelto, frijoles negros en bola, tortillas recién hechas y plátanos fritos; sencillo pero de sabor casero.

El comedor tiene mesas largas y bancas de madera que acomodan varias personas. En la que nos sentamos Raquel, Esther y yo se nos unió un chico de Bélgica. Es muy curioso cómo la gente se sincera al viajar sola. Nos contó que vive en Bruselas y conmuta todos los días a París porque ahí trabaja. Iba a estar dos semanas de vacaciones en México, pero sin su novia porque ella se había enfermado justo antes de viajar.

Tras media hora retomamos camino y poco antes de las 10 am llegamos a Frontera Corozal. Ahí hay que pagar $15 a la entrada del pueblo por derecho de paso. Cabe mencionar que toda esa zona está controlada por indígenas. Incluso, sobre la carretera hay letreros indicando la entrada a comunidades zapatistas.


Como era la única del grupo que cruzaría a Guatemala, el chofer me bajó primero en la oficina del Instituto Nacional de Migración en lo que dejaba a los demás en el embarcadero rumbo a Yaxchilán. El único oficial que estaba a cargo me pidió el FM3 (visa para extranjeros). Solté la carcajada. Tras una breve charla sobre mi (no) pinta de mexicana, llené el formulario de salida y selló mi pasaporte (mexicano).

En lo que esperé a que regresara el chofer, me senté en la orilla de la terraza del INM. El lugar estaba desierto. El oficial también salió a sentarse y me puse a platicar con él. Me contó que es de la costa del Pacífico de Chiapas y llevaba 11 años trabajando en el INM, la mayor parte en la frontera sur del país y una temporada en el aeropuerto del DF. Se me quedó grabada una anécdota de cuando trabajó en el aeropuerto: le tocó ver la cantidad exorbitante de dinero que ingresa al país por todos los extranjeros que pagan la visa. Dinero hay, falta honestidad.

Regresó el chofer y me llevó al embarcadero, donde consiguió la lancha para cruzar a La Técnica. Creo que le salió en $50 porque ese fue el billete que le dio al lanchero. No tardamos ni 5 minutos en cruzar el río. Ya del lado guatemalteco un chavo de la cooperativa del ejido pasó por mi. El lanchero le dio el dinero de mi pasaje (un billete de $100).


En la choza de la cooperativa me dieron el boleto para el camión, que llegó a los pocos minutos pero salimos aproximadamente una hora después. En lo que esperaba vi como barrían kilos de arena de la camioneta y tuve miedo. Los operadores resultaron ser de la agencia San Juan Travel.




El primer punto de migración en Guatemala se encuentra en Bethel, a 30 minutos de La Técnica. Paramos a que nos sellaran el pasaporte. El guía de la camioneta, que tenía pinta de pirata, nos comentó que cobran Q.40 (quetzales, la moneda guatemalteca) por el permiso de ingreso al país. Afortunadamente para nosotros, ellos nos podían cambiar dólares y pesos mexicanos. Al momento del post (julio 2014) el tipo de cambio está a Q.7.84 por dolar, pero cuando yo viajé estaba a Q.6.7, sin embargo los del transporte nos lo dieron a $2 pesos por quetzal.

Me dio mucho coraje su descaro. Por supuesto había investigado con anterioridad y no hay pago al entrar por tierra a Guatemala, solo por vía aérea. En la fila en migración, vi cómo otras personas, bien intencionadas, daban el dinero y el oficial lo recibía sin chistar. Cuando fue mi turno, solo presenté mi pasaporte. El oficial lo selló sin dirigirme palabra alguna. Me pregunté qué tan coludidos han de estar los de la agencia con los de migración.

Continuamos el viaje. Tras 3 horas de empanizarme en terracería y la última hora en carretera pavimentada, llegamos a Flores. Se trata de ciudad turística localizada sobre una isla en el lago Petén Itzá y punto de partida para todos los tours a Tikal.


Como buena agencia de viajes, la primer parada fue en su oficina, lo cual no me vino mal ya que quería asegurar mi viaje de regreso. Cuál fue mi sorpresa al enterarme que el viaje de regreso a Palenque con visita a Bonampak y Yaxchilán salía en ¡$110 USD!. Sin las visitas costaba Q.265 (aprox $40 USD). Un. Pinche. Robo. Para colmo, no aceptan tarjetas de crédito, solamente efectivo (¿alguien dijo evasión de impuestos?).

A regañardientes pagué los $110 USD, ya que no quería regresar a Palenque sin pasar por esas 2 zonas arqueológicas.También pagué el transporte para la ida y vuelta a Tikal al día siguiente (Q.25). Lo malo fue que prácticamente me quedé sin efectivo. Solo traía $200 pesos mexicanos en el bolsillo.

Para aquellos que no teníamos hospedaje, de la oficina nos llevaron a varios hostales. El primero en el que pregunté estaba muy barato (Q.35 la noche) pero lleno. Al siguiente que pregunté costaba Q.40 la noche, tenía camas libres y me aceptaron los pesos, además de contar con una bonita vista al lago.


En realidad era una casa de 4 pisos adaptada con muchos cuartos, cada uno con 4 camas y su propio baño. Sin embargo estaba tan cansada que lo único que quería era una cama y agua corriente.


Tras un regaderazo, salí a pasear al malecón, el cual está lleno de pequeños restaurantes y bares, muy pintoresco. Para mi fortuna encontré un restaurante que aceptaba tarjetas de crédito y pedí una buena cena.

Cuando regresé al hostal encontré que tenía un pelirrojo con pecas como compañero de cuarto. Me contó que era un israelita que llevaba casi un año viajando por centro y sudamérica, tras haber terminado su servicio militar.

- "No pareces israelita", le dije.
- "¿A qué se parece un israelita?, me respondió.

Me acordé del oficial de migración en Frontera Corozal y me quedé callada.

Platicamos unos minutos más y apagamos la luz para ir a dormir, ya que ambos visitaríamos Tikal al día siguiente.

Siguiente post: Tikal - parte 1