Mostrando entradas con la etiqueta Alemania. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alemania. Mostrar todas las entradas

sábado, 29 de febrero de 2020

Hamburg

Si han leído entradas anteriores, sabrán que suelo ser guerrera al viajar, usualmente tomando vuelos o autobuses a deshoras. Para el viaje que tenía agendado a inicios de febrero, consideré seriamente tomar el tren madrugador a las 6:30am. Era la primera vez que viajaría al norte de Alemania y quería aprovechar mi tiempo al máximo (además que era el precio más bajo). Tras una breve batalla, la parte sensata en mí ganó. Y es que, siendo honesta, viajar desmañanada y luego no dormir bien en el tren, hace que uno luego ande de mal humor y no disfrute del todo.

La estación de trenes

El antiguo ayuntamiento

Sin más preámbulos, tomé en Núremberg el tren rumbo a Hamburg a las 8:30am del viernes 7 de febrero. Llegó puntual, como pocas veces, a la 1pm. Salí de la estación de trenes y atravesé el centro, pasando a admirar el antiguo ayuntamiento, de estilo neo-renacentista. Seguí caminando y llegué al muelle No.5 para tomar el tour del puerto, St. Pauli y Reeperbahn. En lo que esperaba a que llegara más gente, aproveché para comer un Brathering Brötchen (arenque empanizado en un pan). Como buena ciudad portuaria, abundan los platillos con pescado. No estuvo mal; me llenó la panza pero traje el sabor a arenque en la boca durante el resto de la tarde.

Vista del puerto

El tentempié

Asentada en un puerto natural del río Elba, Hamburg es la 2a ciudad más grande de Alemania (tras Berlín) y el 3er puerto más grande de Europa (tras Rotterdam y Antwerp). Desde los inicios del Sacro Imperio Romano la ciudad gozó de privilegios que le permitieron posicionarse como un puerto importante en el norte de Europa, eventualmente creando la Liga Hanseática junto con Lübeck. Por supuesto los astilleros eran una importante fuente de trabajo. Por esa razón se construyó a principios de 1900 el túnel bajo el río Elba, que conectó los muelles y astilleros con la ciudad. Tras una remodelación que duró varios años y costó muchos millones de euros, el año pasado se reabrió uno de los tubos, permitiéndose actualmente solo el paso de peatones y bicicletas.


Elevadores que te llevan de la calle al túnel

Les quedó bien bonito

Tras el puerto, caminamos rumbo al barrio de St. Pauli y su famosa calle, Reeperbahn. Como toda buena ciudad portuaria, siempre han habido bares y prostíbulos para satisfacer las necesidades de los marineros. La zona también es conocida porque aquí empezaron su carrera Los Beatles. Hay varias leyendas sobre sus toquines en los bares locales, cuando aún no eran famosos. Incluso les crearon un monumento frente a una calle principal, llamada Große Freiheit (la gran libertad). Nombrada originalmente porque ahí podían profesar su religión aquellos no-Luteranos, hoy en día le quedaría mejor "el gran libertinaje". Lo más curioso es que sigue habiendo una iglesia católica en medio de todos los antros.

Alguna vez fueron 5 integrantes de la banda

Bares y tables pa' todo gusto

El guía también nos llevó a un lugar bastante peculiar llamado "Hans Albers Platz". Rodeado por bares (ideal para ir de bar-hopping), es el único sitio en la ciudad donde se tolera la prostitución en la calle. Lo comprobé el sábado por la noche, cuando regresé al Reeperbahn y vi ahí a las chicas entaconadas esperando a los clientes. Otra calle curiosa es Hebertstraße, donde tienen vitrinas al estilo Amsterdam. Como tienen prohibida la entrada a mujeres, el guía y yo le dimos la vuelta a la cuadra mientras los otros chicos se dieron su taco de ojo.

Noten el letrero rojo a la derecha

Están súper kitsch los lugares

El recorrido terminó frente a la comisaría local porque, obvio, alguien tiene que poner orden ante tantos desmanes.


Así como los viajes a Göteborg y Oslo, éste también fue motivado por una reunión de Toastmasters, específicamente, el 2o entrenamiento del distrito 95. La única actividad planeada para el viernes era ir a cenar a una cervecería local. Probé su cerveza y conocí uno de los ingredientes típicos de la región: Grünkohl, traducida al español como "col rizada", mejor conocida en inglés como "kale". Esa famosa "super food" es en realidad comida común y corriente en ésta parte de Alemania.


Puerco, papas y col rizada
Todo el sábado y la mañana del domingo la pasé en cursos y talleres con mis compañeros. Como pasa en todas las conferencias, durante los descansos buscábamos la mesa con café y refrigerios. El domingo nos consintieron con unos panes locales llamado "Franzbrötchen" (literalmente "panecitos franceses"), muy similares a los roles de canela.


Algunos bañados en chocolate, pa' la gordura

Tras terminar el evento, para aprovechar la tarde caminé con una amiga por la Speicherstadt, una zona de almacenes y bodegas construida a finales del siglo XIX y principios del XX. Con sus icónicas fachadas de ladrillo rojo, los edificios son patrimonio de la humanidad desde el 2015.





Mi tren de regreso estaba agendado para las 8:30pm del domingo. Sin embargo, la madre naturaleza tenía otros planes, ya que la tormenta invernal "Sabine" venía en camino. Desde el sábado habían anunciado posibles cancelaciones de trenes y daban la posibilidad de cambiar tu corrida de tren por una más temprana. En mi caso no aplicaba por el tipo de boleto que compré.

Así, cuando llegué a la estación de trenes me encontré con que el mío también había sido cancelado. No tenía ganas de quedarme en Hamburg mientras pegaba la tormenta, por lo que inmediatamente compré un boleto para la siguiente corrida de Flixbus con destino a Núremberg. Durante el camino llovió y se sentía como el viento pegaba en el autobús, pero no hubo contratiempos y llegué a las 4am. Como a esa hora aún no hay transporte público, me tocó caminar hacia el depa bajo la llovizna. Que más da, si al final pude dormir tranquilamente en mi cama.

martes, 15 de mayo de 2018

Heidelberg

Desde que confirmé mi asistencia a la boda, tuve en mente que el domingo lo aprovecharía para visitar Heidelberg. Y así lo hice.

A pesar de la desvelada, el check-out del hostal era a las 10am. Sin llorar. Por el lado positivo, tan pronto entregué mi llave en recepción, caminé a la estación de trenes y tomé el siguiente a Heidelberg, a tan solo 15 minutos de distancia.

Como compré un ticket por zonas (y dura 90 minutos), aproveché para tomar el autobús 33 que te lleva hasta el funicular que sube al castillo. El ticket para subir y bajar con el funicular y entrar al interior del castillo cuesta 7 euros. No está mal el precio pero estaba larga la fila y preferí subir por las escaleras (300 escalones), lo cual estuvo mucho mejor porque además aprecié las bonitas casas del vecindario.




En realidad el castillo está en ruinas desde 1764. Si leen un poco sobre su historia (https://es.wikipedia.org/wiki/Palacio_de_Heidelberg, aunque está más completo en inglés), pensarán que está salado. Empezó como una pequeña fortaleza a finales del siglo XIII y fue expandido conforme pasaron los años, hasta que le pegó un rayo en 1537. Por supuesto fue reconstruido. Luego, durante el siglo XVII fue atacado por ambos bandos durante la guerra de los Treinta Años, mientras que los franceses lo incendiaron y destruyeron 2 veces durante la guerra de los Nueve Años, al final del mismo siglo. A mediados del siglo XVIII lo renovaron pero justo el día antes de que lo volvieran a ocupar, dos rayos le pegaron y causaron un incendio que terminó por devastarlo. Fue considerado una señal divina.






Por fortuna, la entrada es libre para todo el exterior y los jardines, los cuales son muy, muy amplios y con muy bonitas vistas hacia el río y la ciudad. Fácil pasé unas 2 horas tomando fotos y caminando tranquilamente.





 Bajé por el camino que lleva a Karlstor para apreciar la puerta, pero estaba tapada con andamios. Crucé el puente de la esclusa para pasear por la orilla contraria del río Neckar y obtener otra vista de la ciudad.






Crucé de regreso por el puente viejo y entré al centro de la ciudad. Tenía mucha hambre y poco presupuesto, por lo que terminé comiendo un dönner teller. Siempre puedes confiar en los turcos por la triple B.

Tras reponer energías (el día estaba muy soleado y caluroso), visité la iglesia del Espíritu Santo (Heiliggeist), en la plaza central. Como curiosidad, la iglesia estuvo dividida por una pared durante más de 200 años, culpa de las disputas entre católicos y protestantes.



Caminé de regreso al puente y esperé junto a esta curiosa estatua a que llegara el guia del free walking tour.


No es de los mejores guías que haya tenido, pero estuvo bien para tener un overview de la ciudad y sí nos enseñó algunas curiosidades, como la preciosa iglesia jesuita y la biblioteca de la Uni, de estilo Art Noveau.






Cansada de estar horas caminando, me senté en una banca junto al río y aprecié como los locales también disfrutaban el domingo soleado.



Sin embargo, el viaje para mi llegaba a su fin y me eché más de media hora caminando hasta la estación de trenes para tomar el autobús de regreso a Núremberg, después de un fin de semana lleno de aventuras.

martes, 1 de mayo de 2018

Mannheim

A pesar de llevar casi 3 años en Alemania, jamás se me había ocurrido visitar Mannheim. La ocasión surgió porque fui invitada a una boda el sábado pasado.

Originalmente pensaba viajar el viernes por la tarde para llegar de noche, directo al hostal a dormir. Sin embargo, otra invitada a la boda me contactó para invitarme a viajar con ella el viernes por la mañana, para así turistear un poco por la ciudad.

Por culpa de trabajos de construcción en la carretera llegamos con una hora de retraso a nuestro destino y lo primero que hicimos al bajar del autobús fue buscar dónde comer. Tras saciar nuestra hambre caminamos al hostal, que se encontraba junto al río Rin. La ubicación no podía estar mejor, ya que toda esa parte de la orilla del río es como un parque larguísimo.



Tras hacer check-in y dejar nuestras mochilas en la habitación, caminamos por la orilla del río hacia el centro de la ciudad, entrando por la parte de atrás del palacio barroco.



Construido durante la primera mitad del siglo XVIII, es el 2o palacio barroco más grande de Europa después de Versalles (y tiene una ventana más que ése). Actualmente una parte del edificio es museo y el resto alberga parte de la Universidad de Mannheim. ¿A poco no estaría interesante estudiar ahí?

Si uno ve el centro de la ciudad en un mapa, resultará curioso ver cómo el centro está perfectamente cuadriculado. Aunque el asentamiento ya existía, la ciudad fue planeada con ese trazo y fundada en 1606. Tiene la peculiaridad que sus calles no tienen nombres, mas bien sus cuadras están ordenadas por letras y números.



Como nos tocó un día soleado, caminamos hacia otra referencia de la ciudad, la torre de agua o Wasserturm. Nos sorprendió mucho ver que estaba rodeada por unos preciosos jardines y aprovechamos para tirarnos a tomar el sol.




La ciudad también es cuna de Carl Benz, el inventor del automóvil y hay un pequeño monumento dedicado a él detrás del parque.


 


Tras reponer pilas, atravesamos toda la ciudad hasta el río Neckar, que pasa por el norte de la ciudad. Igualmente toda la orilla está acondicionada como parque y nos volvimos a echar como iguanas al sol.



Al caer la tarde emprendimos el regreso al hostal, pasando primero por algo para cenar, y alistarnos para el bodorrio al día siguiente.