Mostrando entradas con la etiqueta arqueología. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta arqueología. Mostrar todas las entradas

domingo, 7 de junio de 2020

Semana Santa 2014: Tikal - parte 2

Mi acompañante era latina, porque platicamos en español, sin embargo no recuerdo su cara, nombre o nacionalidad. Eso si, nos tomamos muchas fotos la una a la otra. Las selfies no son lo mío y si quieres que se aprecie la estructura detrás de ti, apenas que otra persona tome la foto.

(Para que sigan el recorrido, recomiendo abran este mapa del sitio: http://www.inguat.gob.gt/images/mapas-guatemala/Parque-Nacional-Tikal.jpg)

Pasamos junto a una gran ceiba, donde nos checaron los boletos de ingreso, y caminamos hacia la plaza del Este, merodeando entre las estructuras.




De ahí nos dirigimos a la gran plaza. Llama la atención que en el centro hay un espacio para una hoguera. Resulta los sacerdotes mayas, o Aj Qij, tienen permiso para hacer ceremonias en ciertas áreas designadas, aunque no nos tocó ver alguna llevándose a cabo. Por supuesto, dominan los templos I y II, posicionados uno frente al otro. Por mucho tiempo tuve la foto del templo I como protector de pantalla en mi celular.


Templo I

Templo II


Las calzadas (o sacbeob, en maya) que unen las diferentes partes del sitio están nombrados tras exploradores que han trabajado en la zona. Caminando por la calzada Tozzer rumbo al templo IV, nos topamos con una simpática familia de coatíes. Uno de los cuidadores nos contó que están muy acostumbrados a los turistas y buscan restos de comida para alimentarse.



También conocido como templo de la serpiente bicéfala, el templo IV es el más alto de Tikal con 70 m de altura. Gran parte de la estructura sigue cubierta por árboles; solo sobresalen el templo en la cúspide y la crestería. 


Cuando fui estaban restaurando las escaleras del frente

Lo mejor es que te permiten subir y desde ahí observar una de las mejores vistas de Tikal y la selva del Petén.


Si se les hace familiar el panorama, es porque eligieron Tikal para representar a Yavin 4 en Star Wars (o episodio IV). Yo no me acordaba pero muchos amigos me hicieron el comentario tras subir la foto a Facebook.

Al bajar, pasamos por el complejo N, atravesamos el "mundo perdido" y dimos con la plaza de los 7 templos.





Uno de los templos en la plaza


Fotomontaje de la plaza de los 7 templos

Seguimos adelante entre otras estructuras hasta llegar al templo V, el segundo más alto de Tikal con una altura de 57 metros. 


Unos 15 minutos de caminata nos llevaron al grupo G, con estructuras de tipo palacio.






Repentinamente escuchamos unos rugidos de entre los árboles. Madre mía. ¿Jaguares? El grupo G se encuentra retirado del resto de las plazas, a la orilla de la selva. ¿Será que llegan hasta acá? Un chico local vio nuestras caras de susto y nos dio la explicación: son monos aulladores. No logramos verlos entre los árboles tupidos pero con sus aullidos tuvimos. Tampoco se me ocurrió grabarlos, así que agregué un video de YouTube para que se den una idea.


Tras 20 minutos más de caminata por la calzada Méndez llegamos al templo VI, o de las inscripciones, llamado así por los jeroglíficos que se encontraron en la crestería (los arqueólogos los quitaron para resguardarlos). 




Pasadas las 4pm dejamos de explorar. Quién sabe cuántos kilómetros llevábamos recorridos. Aún así, nos faltaron complejos más pequeños, como el de la zona norte. Sin más distracciones emprendimos el regreso, ya que era media hora de caminata hasta el estacionamiento a la entrada de la zona arqueológica. Cuando llegamos, poco antes de las 5pm, casi nos da el soponcio, ya que no lográbamos encontrar nuestro transporte en el mar de camionetas turísticas. Por fin dimos con él y esperamos a que llegara el resto de nuestro grupo. Con todos a bordo, regresamos a Flores.

Tan pronto llegamos a la ciudad, me lancé al mismo restaurante que había ido para el desayuno. Tenía un hambre de mil perros. Durante las 6 horas que estuve en Tikal solo comí una manzana y un pan dulce que traía conmigo desde Palenque (recuerden que no tenía efectivo). Pedí una buena cena y comida extra para llevar, previendo el viaje al día siguiente.

Atardecer en el lago Petén Itzá

De vuelta en mi habitación en el hostal, tenía un nuevo compañero de cuarto. Se trataba de un chico canadiense de padres latinos, que se encontraba recorriendo el continente de norte a sur. Para ganar dinero, había pasado los últimos 2 meses trabajando en la construcción de un hotel en la costa de Belice. 

Tras platicar largo rato, comentó que estaba lleno de fibra de vidrio y le urgía darse un buen regaderazo. Le avisé que sería incómodo bañarse puesto que la regadera no tenía cabeza; era solo un tubo del cual salía un chorro de agua. Me respondió que, tras pasar 8 semanas en una isla sin agua corriente, el simple hecho de tener una regadera era un lujo para él. Las lecciones que uno aprende.

Siguiente post: De regreso a México

jueves, 21 de mayo de 2020

Semana Santa 2014: Regreso a México y Bonampak

El viernes me tocó madrugar. El transporte de San Juan Travel pasó por mi a las 6am para emprender el viaje de regreso a México, con el pirata de nuevo como guía. Recuerdo ver gente a tan temprana hora armando alfombras de aserrín de colores en las calles de Flores. Por supuesto hicimos una parada en la oficina de migración en Bethel para que nos sellaran el pasaporte de salida. Casi llegando a La Técnica nos topamos con una procesión. Claro, era Viernes Santo.



Al llegar al embarcadero nos avisaron que las lanchas rumbo a Yaxchilán habían partido hacía una hora.

¿Pero cómo? Si apenas eran las 10 am.

En Guatemala. En México eran las 11 am. 

Mierda. 

No sabía que Guatemala no hace cambio a horario de verano y en los últimos dos días jamás me di cuenta de la diferencia de horario. Venga, con tanto viaje se me iban las horas, además que el reloj del celular se actualiza solo.

Éramos 2 viajeros en la misma situación. Preguntamos el precio de una lancha a Yaxchilán. 

Mil pesos. 

Cabrones. 

Se me hizo un nudo en la garganta del coraje. Ya no conocería esa zona arqueológica. El pirata hace el viaje a cada rato, ¿cómo diantres no iba a saber sobre la diferencia de horario?


Sin más que hacer, cruzamos el río Usumacinta para llegar a Frontera Corozal y nos llevaron a un comedor comunitario. Mínimo el almuerzo estaba incluido. 

Entablé conversación con el otro viajero, un australiano llamado Wayne. Autodenominado "The Solonaut" (así se llama su blog), se encontraba de viaje por México y Guatemala. Entre varias anécdotas, me contó de su reciente aventura en la selva guatemalteca con guías que solo hablaban español y maya quiché. Sin embargo, la historia que se me quedó grabada fue un recuento de su estancia en Sarajevo, cuando atravesó un campo minado como parte de un tour sobre la guerra en Yugoslavia.

La plática ayudó a que el tiempo pasara rápido. Eventualmente regresaron los grupos de Yaxchilán y nos llevaron a todos a Bonampak. A mitad de camino nos tuvimos que bajar de la camioneta del tour para transbordar a un transporte manejado por los locales que te lleva hasta las ruinas. Ellos controlan la zona, así que no queda de otra.


Cuando uno entra a la zona arqueológica, se aprecia cómo de entre la selva lacandona sobresalen la acrópolis y la gran plaza (los únicos conjuntos explorados). Exploré primero los dinteles y estructuras en la acrópolis, para después dedicarle toda mi atención a la sala de los murales. De hecho, Bonampak significa "muros pintados" (no se conoce su nombre original).



En el estudio de la casa en Coatza hay una serie de libros de Time Life llamada "Las grandes épocas de la humanidad". De pasta dura con preciosas ilustraciones, mis favoritos eran Egipto Antiguo y América Precolombina. De este último, el capítulo sobre los mayas incluía reproducciones de la sala de los murales en Bonampak, hechas por artistas durante la primera expedición en 1946. Las imágenes cautivaron mi imaginación y desde entonces quise verlas en persona.


Los murales, que cubren una superficie de 150 metros cuadrados, han recibido diferentes interpretaciones; sin embargo, la más aceptada asegura que narran una sola historia, que incluye una batalla, sus secuelas y la celebración de la victoria.





Tras hora y media de visita en el lugar, era hora de volver. Nos subieron al transporte de los locales hasta regresarnos a donde estaba el chofer de nuestro grupo. Ya en la camioneta del tour, pasamos a recoger gente al campamento lacandón, donde me reencontré con Raquel y Esther. Con todos a bordo, emprendimos las 3 horas hasta Palenque, llegando alrededor de las 7 de la tarde.

Hicimos check-in de nuevo en el hostal, ya que había hecho una reservación distinta al no dormir las 2 noches anteriores ahí. Los recepcionistas, a quienes apodamos Chano y Chon, eran todo menos eficientes. Se habían confundido con las reservaciones, agendando 11 chicas en un cuarto con 10 camas. Para resarcir el error, ofrecieron acomodar a una de nosotras en una habitación individual con cama matrimonial. Como Raquel y Esther no querían separarse, me sacrifiqué a dormir sola en mi propio cuarto. 

Casi fue una buena noche, si descontamos que la cama era tamaño maya y el techo de la habitación era tan bajo que me sentí dentro de la tumba de Pakal.

miércoles, 1 de abril de 2015

Semana Santa 2014: Tikal - parte 1

Escuché al israelita madrugar para tomar un tour a Tikal donde ves la salida del sol. Afortunadamente no tuve problemas para volverme a dormir hasta que sonó mi alarma por ahí de las 7 de la mañana.


Me despabilé y salí a desayunar. Encontré un restaurante donde ofrecían un abundante desayuno por 80 quetzales. Muy parecido a los de México, incluía jugo de naranja, café, frijoles negros, huevo con longaniza del Petén y avena. Sabia decisión para el día largo que me esperaba por delante. Regresé al hostal a preparar la mochila y los víveres, estando lista cuando el transporte pasó por mi a las 9am.

Tikal está lejos de Flores, a una hora de distancia. La carretera rodea medio lago Petén-Itzá para luego avanzar entre la selva y entrar al parque nacional Tikal.


Había una fila de camionetas turísticas a la entrada, digo, ya era "tarde", pero me dio la impresión que ahí siempre hay fila. Para agilizar la entrada, el ayudante del chofer recolectó el dinero de todos los que ibamos en el transporte y se bajó a comprar las entradas. Si eres guatemalteco, el ingreso cuesta Q.25, pero si eres extranjero el ingreso cuesta Q.150. ¡Ouch! Ha de ser toda una minita de oro, la joya de la corona maya.


A la entrada de la zona arqueológica tienen una maqueta del sitio. Ahí el ayudante del chofer nos explicó las zonas en que esta subdividido el lugar y los edificios más importantes, para luego encaminarnos a donde empieza el recorrido y ofrecernos sus servicios de guía.




Como prefiero andar por mi cuenta (además que no traía dinero), me aparté del grupo y comencé a caminar hacia la selva. Noté que otra chica también se separó, así que le pregunté si visitábamos juntas el lugar. Accedió de buena gana y me contó su historia mientras caminamos hacia las ruinas.

Siguiente post: Tikal - parte 2

martes, 1 de julio de 2014

Semana Santa 2014: Palenque

Llegamos de noche a Palenque; yo creo era cerca de las 9pm. De la mini-central del ADO caminamos hasta el hotel. Éste se encontraba hasta el fondo de una zona turística conocida como "La Cañada", que se encuentra llena de hoteles a ambos lados de la acera.

En el hostal había reservado 3 camas. De hecho era la primera vez que me quedaba en dormitorio compartido. Al llegar al cuarto nos hicimos bolas porque había otras chavas y cada quien en la cama que quisiera. Resulta los chicos de recepción nos dijeron que podríamos agarrar cualquier cama, cuando en realidad se supone que cada llave tiene el número de la cama asignada. Total, una nada más quería dormir.

A la mañana siguiente nos levantamos temprano, almorzamos bien en el restaurante del hostal y aprovechamos que había un supermercado Chedraui a una cuadra, para ir por provisiones para la semana.

Aquellos que me conocen sabrán que casi no me gusta tomar tours y en el caso específico de las zonas arqueológicas prefiero ir a mi propio paso, incluso pasando el día entero ahí. *cof*Cristi*cof* Por fortuna pude convencer a Raquel y Esther, mis compañeras de viaje, de lo genial que sería explorar Palenque a fondo. Es así como un par de horas más tarde tomamos una combi del centro de Palenque hacia la zona de las ruinas.

Para variar, había fila para comprar los boletos. Ese tumulto de gente se mantiene en la entrada de la zona y frente al templo de las Inscripciones, lo más popular de la visita. Desafortunadamente, por cuestiones de conservación, desde hace más de 15 años ya no puedes subir ni entrar a ver el sarcófago de Pakal.


Conforme vas caminando se va diluyendo la gente y puedes apreciar mejor las construcciones. Bueno, una excepción es el Palacio, que es tan grande e imponente que puedes apreciarlo a gusto.


Me encantó que esta vez recorrimos todo, TODO Palenque, llegando a templos recónditos como los templos XVIII, XIX y XX envueltos aún en selva.

Trepé los templos del conjunto de las cruces (aquí dejaron de escalar mis acompañantes).

Caminamos a lo largo del rio Otulum para llegar al grupo de los murciélagos y los baños de la reina, de donde tomamos una vereda y salimos a la carretera frente al museo de sitio.


Muchas personas suelen saltarse el museo pensando que es algo aburrido después de ver las grandes pirámides. Se equivocan. Por lo general las piezas más delicadas y elaboradas se resguardan ahí: estelas, incensarios y objetos varios de barro o cerámica. Además, tiene una recreación de la tumba de Pakal con la explicación de los grabados de la lápida y las pinturas de la sala.


En total, estuvimos como 6 horas en la zona arqueológica. Alrededor de las 4:30pm tomamos una combi de regreso a la ciudad. Con un hambre de perros nos pusimos a recorrer lugares, a ver qué se nos antojaba. Sin embargo se soltó un aguacero, de esos que se deja caer el cielo, lo que nos obligó a entrar al lugar más cercano: ¡una rosticeria!

No estuvo nada mal el pollo, comimos sabroso y barato. Lo malo es que no paraba de llover, así que nos fuimos caminando de toldo en toldo, tratando de llegar al hotel.

Repentinamente arreció el agua y nos metimos a una agencia de viajes. Empezamos a curiosear los tours que ofrecían. El dueño notó nuestro interés y nos empezó a sacar plática, tras lo cual nos contó sobre sus experiencias en más de 20 años en el negocio, primero como chofer de tours y luego en su propia agencia.

Aquí cabe mencionar que hay mucha oferta de agencias. El negocio está muy competido, por lo que en realidad no hay tanta variación en los precios. A lo mucho la diferencia oscila entre $50 y $100. En realidad uno debe fijarse en el vehículo que ofrece (no todos traen clima, que en viajes largos se agradece) y las actividades o amenidades incluidas en el tour (lean la letra pequeña).

Yo no le pensé dos veces y pagué el viaje de ida a Flores, Guatemala ($350). Chingue su madre. A ver cómo le hacía para moverme allá y regresar a México. El señor me empezó a dar muchos tips y me dijo a quién contactar allá (una agencia llamada "San Juan") para la ida a Tikal y el viaje de regreso. Raquel y Esther no quisieron cruzar a Guatemala y se decidieron por el tour a Yaxchilan y Bonampak pasando una noche en un campamento lacandón.

Tras pasar como hora y media en la agencia no había dejado de llover, por lo que el señor nos ayudó a conseguir un taxi de la calle y finalmente regresar al hotel a darnos un buen baño y preparar las mochilas.

Siguiente post: De ida a Guatemala