Al llegar al embarcadero nos avisaron que las lanchas rumbo a Yaxchilán habían partido hacía una hora.
¿Pero cómo? Si apenas eran las 10 am.
En Guatemala. En México eran las 11 am.
Mierda.
No sabía que Guatemala no hace cambio a horario de verano y en los últimos dos días jamás me di cuenta de la diferencia de horario. Venga, con tanto viaje se me iban las horas, además que el reloj del celular se actualiza solo.
Éramos 2 viajeros en la misma situación. Preguntamos el precio de una lancha a Yaxchilán.
Éramos 2 viajeros en la misma situación. Preguntamos el precio de una lancha a Yaxchilán.
Mil pesos.
Cabrones.
Se me hizo un nudo en la garganta del coraje. Ya no conocería esa zona arqueológica. El pirata hace el viaje a cada rato, ¿cómo diantres no iba a saber sobre la diferencia de horario?
Sin más que hacer, cruzamos el río Usumacinta para llegar a Frontera Corozal y nos llevaron a un comedor comunitario. Mínimo el almuerzo estaba incluido.
Sin más que hacer, cruzamos el río Usumacinta para llegar a Frontera Corozal y nos llevaron a un comedor comunitario. Mínimo el almuerzo estaba incluido.
Entablé conversación con el otro viajero, un australiano llamado Wayne. Autodenominado "The Solonaut" (así se llama su blog), se encontraba de viaje por México y Guatemala. Entre varias anécdotas, me contó de su reciente aventura en la selva guatemalteca con guías que solo hablaban español y maya quiché. Sin embargo, la historia que se me quedó grabada fue un recuento de su estancia en Sarajevo, cuando atravesó un campo minado como parte de un tour sobre la guerra en Yugoslavia.
La plática ayudó a que el tiempo pasara rápido. Eventualmente regresaron los grupos de Yaxchilán y nos llevaron a todos a Bonampak. A mitad de camino nos tuvimos que bajar de la camioneta del tour para transbordar a un transporte manejado por los locales que te lleva hasta las ruinas. Ellos controlan la zona, así que no queda de otra.
Cuando uno entra a la zona arqueológica, se aprecia cómo de entre la selva lacandona sobresalen la acrópolis y la gran plaza (los únicos conjuntos explorados). Exploré primero los dinteles y estructuras en la acrópolis, para después dedicarle toda mi atención a la sala de los murales. De hecho, Bonampak significa "muros pintados" (no se conoce su nombre original).
La plática ayudó a que el tiempo pasara rápido. Eventualmente regresaron los grupos de Yaxchilán y nos llevaron a todos a Bonampak. A mitad de camino nos tuvimos que bajar de la camioneta del tour para transbordar a un transporte manejado por los locales que te lleva hasta las ruinas. Ellos controlan la zona, así que no queda de otra.
En el estudio de la casa en Coatza hay una serie de libros de Time Life llamada "Las grandes épocas de la humanidad". De pasta dura con preciosas ilustraciones, mis favoritos eran Egipto Antiguo y América Precolombina. De este último, el capítulo sobre los mayas incluía reproducciones de la sala de los murales en Bonampak, hechas por artistas durante la primera expedición en 1946. Las imágenes cautivaron mi imaginación y desde entonces quise verlas en persona.
Los murales, que cubren una superficie de 150 metros cuadrados, han recibido diferentes interpretaciones; sin embargo, la más aceptada asegura que narran una sola historia, que incluye una batalla, sus secuelas y la celebración de la victoria.
Tras hora y media de visita en el lugar, era hora de volver. Nos subieron al transporte de los locales hasta regresarnos a donde estaba el chofer de nuestro grupo. Ya en la camioneta del tour, pasamos a recoger gente al campamento lacandón, donde me reencontré con Raquel y Esther. Con todos a bordo, emprendimos las 3 horas hasta Palenque, llegando alrededor de las 7 de la tarde.
Hicimos check-in de nuevo en el hostal, ya que había hecho una reservación distinta al no dormir las 2 noches anteriores ahí. Los recepcionistas, a quienes apodamos Chano y Chon, eran todo menos eficientes. Se habían confundido con las reservaciones, agendando 11 chicas en un cuarto con 10 camas. Para resarcir el error, ofrecieron acomodar a una de nosotras en una habitación individual con cama matrimonial. Como Raquel y Esther no querían separarse, me sacrifiqué a dormir sola en mi propio cuarto.
Casi fue una buena noche, si descontamos que la cama era tamaño maya y el techo de la habitación era tan bajo que me sentí dentro de la tumba de Pakal.















