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jueves, 21 de mayo de 2020

Semana Santa 2014: Regreso a México y Bonampak

El viernes me tocó madrugar. El transporte de San Juan Travel pasó por mi a las 6am para emprender el viaje de regreso a México, con el pirata de nuevo como guía. Recuerdo ver gente a tan temprana hora armando alfombras de aserrín de colores en las calles de Flores. Por supuesto hicimos una parada en la oficina de migración en Bethel para que nos sellaran el pasaporte de salida. Casi llegando a La Técnica nos topamos con una procesión. Claro, era Viernes Santo.



Al llegar al embarcadero nos avisaron que las lanchas rumbo a Yaxchilán habían partido hacía una hora.

¿Pero cómo? Si apenas eran las 10 am.

En Guatemala. En México eran las 11 am. 

Mierda. 

No sabía que Guatemala no hace cambio a horario de verano y en los últimos dos días jamás me di cuenta de la diferencia de horario. Venga, con tanto viaje se me iban las horas, además que el reloj del celular se actualiza solo.

Éramos 2 viajeros en la misma situación. Preguntamos el precio de una lancha a Yaxchilán. 

Mil pesos. 

Cabrones. 

Se me hizo un nudo en la garganta del coraje. Ya no conocería esa zona arqueológica. El pirata hace el viaje a cada rato, ¿cómo diantres no iba a saber sobre la diferencia de horario?


Sin más que hacer, cruzamos el río Usumacinta para llegar a Frontera Corozal y nos llevaron a un comedor comunitario. Mínimo el almuerzo estaba incluido. 

Entablé conversación con el otro viajero, un australiano llamado Wayne. Autodenominado "The Solonaut" (así se llama su blog), se encontraba de viaje por México y Guatemala. Entre varias anécdotas, me contó de su reciente aventura en la selva guatemalteca con guías que solo hablaban español y maya quiché. Sin embargo, la historia que se me quedó grabada fue un recuento de su estancia en Sarajevo, cuando atravesó un campo minado como parte de un tour sobre la guerra en Yugoslavia.

La plática ayudó a que el tiempo pasara rápido. Eventualmente regresaron los grupos de Yaxchilán y nos llevaron a todos a Bonampak. A mitad de camino nos tuvimos que bajar de la camioneta del tour para transbordar a un transporte manejado por los locales que te lleva hasta las ruinas. Ellos controlan la zona, así que no queda de otra.


Cuando uno entra a la zona arqueológica, se aprecia cómo de entre la selva lacandona sobresalen la acrópolis y la gran plaza (los únicos conjuntos explorados). Exploré primero los dinteles y estructuras en la acrópolis, para después dedicarle toda mi atención a la sala de los murales. De hecho, Bonampak significa "muros pintados" (no se conoce su nombre original).



En el estudio de la casa en Coatza hay una serie de libros de Time Life llamada "Las grandes épocas de la humanidad". De pasta dura con preciosas ilustraciones, mis favoritos eran Egipto Antiguo y América Precolombina. De este último, el capítulo sobre los mayas incluía reproducciones de la sala de los murales en Bonampak, hechas por artistas durante la primera expedición en 1946. Las imágenes cautivaron mi imaginación y desde entonces quise verlas en persona.


Los murales, que cubren una superficie de 150 metros cuadrados, han recibido diferentes interpretaciones; sin embargo, la más aceptada asegura que narran una sola historia, que incluye una batalla, sus secuelas y la celebración de la victoria.





Tras hora y media de visita en el lugar, era hora de volver. Nos subieron al transporte de los locales hasta regresarnos a donde estaba el chofer de nuestro grupo. Ya en la camioneta del tour, pasamos a recoger gente al campamento lacandón, donde me reencontré con Raquel y Esther. Con todos a bordo, emprendimos las 3 horas hasta Palenque, llegando alrededor de las 7 de la tarde.

Hicimos check-in de nuevo en el hostal, ya que había hecho una reservación distinta al no dormir las 2 noches anteriores ahí. Los recepcionistas, a quienes apodamos Chano y Chon, eran todo menos eficientes. Se habían confundido con las reservaciones, agendando 11 chicas en un cuarto con 10 camas. Para resarcir el error, ofrecieron acomodar a una de nosotras en una habitación individual con cama matrimonial. Como Raquel y Esther no querían separarse, me sacrifiqué a dormir sola en mi propio cuarto. 

Casi fue una buena noche, si descontamos que la cama era tamaño maya y el techo de la habitación era tan bajo que me sentí dentro de la tumba de Pakal.

jueves, 7 de agosto de 2014

Semana Santa 2014: De ida a Guatemala

No paró de llover en toda la noche. A las 6am pasó el transporte a recogernos al hostal y seguía lloviznando. Lo bueno fue que conforme avanzábamos al sur disminuía la lluvia, quedando solo las nubes sobre las montañas.


Alrededor de las 8am paramos a desayunar a un comedor sobre la carretera, el cual creo debe ser un negociazo para las señoras que lo atienden porque estaba a reventar de gente, todos de camionetas de tours. Desafortunadamente el precio de mi traslado no incluía el desayuno y tuve que desembolsar $80. Sin embargo la comida estuvo buena: jugo de naranja natural, café chiapaneco, huevo revuelto, frijoles negros en bola, tortillas recién hechas y plátanos fritos; sencillo pero de sabor casero.

El comedor tiene mesas largas y bancas de madera que acomodan varias personas. En la que nos sentamos Raquel, Esther y yo se nos unió un chico de Bélgica. Es muy curioso cómo la gente se sincera al viajar sola. Nos contó que vive en Bruselas y conmuta todos los días a París porque ahí trabaja. Iba a estar dos semanas de vacaciones en México, pero sin su novia porque ella se había enfermado justo antes de viajar.

Tras media hora retomamos camino y poco antes de las 10 am llegamos a Frontera Corozal. Ahí hay que pagar $15 a la entrada del pueblo por derecho de paso. Cabe mencionar que toda esa zona está controlada por indígenas. Incluso, sobre la carretera hay letreros indicando la entrada a comunidades zapatistas.


Como era la única del grupo que cruzaría a Guatemala, el chofer me bajó primero en la oficina del Instituto Nacional de Migración en lo que dejaba a los demás en el embarcadero rumbo a Yaxchilán. El único oficial que estaba a cargo me pidió el FM3 (visa para extranjeros). Solté la carcajada. Tras una breve charla sobre mi (no) pinta de mexicana, llené el formulario de salida y selló mi pasaporte (mexicano).

En lo que esperé a que regresara el chofer, me senté en la orilla de la terraza del INM. El lugar estaba desierto. El oficial también salió a sentarse y me puse a platicar con él. Me contó que es de la costa del Pacífico de Chiapas y llevaba 11 años trabajando en el INM, la mayor parte en la frontera sur del país y una temporada en el aeropuerto del DF. Se me quedó grabada una anécdota de cuando trabajó en el aeropuerto: le tocó ver la cantidad exorbitante de dinero que ingresa al país por todos los extranjeros que pagan la visa. Dinero hay, falta honestidad.

Regresó el chofer y me llevó al embarcadero, donde consiguió la lancha para cruzar a La Técnica. Creo que le salió en $50 porque ese fue el billete que le dio al lanchero. No tardamos ni 5 minutos en cruzar el río. Ya del lado guatemalteco un chavo de la cooperativa del ejido pasó por mi. El lanchero le dio el dinero de mi pasaje (un billete de $100).


En la choza de la cooperativa me dieron el boleto para el camión, que llegó a los pocos minutos pero salimos aproximadamente una hora después. En lo que esperaba vi como barrían kilos de arena de la camioneta y tuve miedo. Los operadores resultaron ser de la agencia San Juan Travel.




El primer punto de migración en Guatemala se encuentra en Bethel, a 30 minutos de La Técnica. Paramos a que nos sellaran el pasaporte. El guía de la camioneta, que tenía pinta de pirata, nos comentó que cobran Q.40 (quetzales, la moneda guatemalteca) por el permiso de ingreso al país. Afortunadamente para nosotros, ellos nos podían cambiar dólares y pesos mexicanos. Al momento del post (julio 2014) el tipo de cambio está a Q.7.84 por dolar, pero cuando yo viajé estaba a Q.6.7, sin embargo los del transporte nos lo dieron a $2 pesos por quetzal.

Me dio mucho coraje su descaro. Por supuesto había investigado con anterioridad y no hay pago al entrar por tierra a Guatemala, solo por vía aérea. En la fila en migración, vi cómo otras personas, bien intencionadas, daban el dinero y el oficial lo recibía sin chistar. Cuando fue mi turno, solo presenté mi pasaporte. El oficial lo selló sin dirigirme palabra alguna. Me pregunté qué tan coludidos han de estar los de la agencia con los de migración.

Continuamos el viaje. Tras 3 horas de empanizarme en terracería y la última hora en carretera pavimentada, llegamos a Flores. Se trata de ciudad turística localizada sobre una isla en el lago Petén Itzá y punto de partida para todos los tours a Tikal.


Como buena agencia de viajes, la primer parada fue en su oficina, lo cual no me vino mal ya que quería asegurar mi viaje de regreso. Cuál fue mi sorpresa al enterarme que el viaje de regreso a Palenque con visita a Bonampak y Yaxchilán salía en ¡$110 USD!. Sin las visitas costaba Q.265 (aprox $40 USD). Un. Pinche. Robo. Para colmo, no aceptan tarjetas de crédito, solamente efectivo (¿alguien dijo evasión de impuestos?).

A regañardientes pagué los $110 USD, ya que no quería regresar a Palenque sin pasar por esas 2 zonas arqueológicas.También pagué el transporte para la ida y vuelta a Tikal al día siguiente (Q.25). Lo malo fue que prácticamente me quedé sin efectivo. Solo traía $200 pesos mexicanos en el bolsillo.

Para aquellos que no teníamos hospedaje, de la oficina nos llevaron a varios hostales. El primero en el que pregunté estaba muy barato (Q.35 la noche) pero lleno. Al siguiente que pregunté costaba Q.40 la noche, tenía camas libres y me aceptaron los pesos, además de contar con una bonita vista al lago.


En realidad era una casa de 4 pisos adaptada con muchos cuartos, cada uno con 4 camas y su propio baño. Sin embargo estaba tan cansada que lo único que quería era una cama y agua corriente.


Tras un regaderazo, salí a pasear al malecón, el cual está lleno de pequeños restaurantes y bares, muy pintoresco. Para mi fortuna encontré un restaurante que aceptaba tarjetas de crédito y pedí una buena cena.

Cuando regresé al hostal encontré que tenía un pelirrojo con pecas como compañero de cuarto. Me contó que era un israelita que llevaba casi un año viajando por centro y sudamérica, tras haber terminado su servicio militar.

- "No pareces israelita", le dije.
- "¿A qué se parece un israelita?, me respondió.

Me acordé del oficial de migración en Frontera Corozal y me quedé callada.

Platicamos unos minutos más y apagamos la luz para ir a dormir, ya que ambos visitaríamos Tikal al día siguiente.

Siguiente post: Tikal - parte 1

martes, 1 de julio de 2014

Semana Santa 2014: Palenque

Llegamos de noche a Palenque; yo creo era cerca de las 9pm. De la mini-central del ADO caminamos hasta el hotel. Éste se encontraba hasta el fondo de una zona turística conocida como "La Cañada", que se encuentra llena de hoteles a ambos lados de la acera.

En el hostal había reservado 3 camas. De hecho era la primera vez que me quedaba en dormitorio compartido. Al llegar al cuarto nos hicimos bolas porque había otras chavas y cada quien en la cama que quisiera. Resulta los chicos de recepción nos dijeron que podríamos agarrar cualquier cama, cuando en realidad se supone que cada llave tiene el número de la cama asignada. Total, una nada más quería dormir.

A la mañana siguiente nos levantamos temprano, almorzamos bien en el restaurante del hostal y aprovechamos que había un supermercado Chedraui a una cuadra, para ir por provisiones para la semana.

Aquellos que me conocen sabrán que casi no me gusta tomar tours y en el caso específico de las zonas arqueológicas prefiero ir a mi propio paso, incluso pasando el día entero ahí. *cof*Cristi*cof* Por fortuna pude convencer a Raquel y Esther, mis compañeras de viaje, de lo genial que sería explorar Palenque a fondo. Es así como un par de horas más tarde tomamos una combi del centro de Palenque hacia la zona de las ruinas.

Para variar, había fila para comprar los boletos. Ese tumulto de gente se mantiene en la entrada de la zona y frente al templo de las Inscripciones, lo más popular de la visita. Desafortunadamente, por cuestiones de conservación, desde hace más de 15 años ya no puedes subir ni entrar a ver el sarcófago de Pakal.


Conforme vas caminando se va diluyendo la gente y puedes apreciar mejor las construcciones. Bueno, una excepción es el Palacio, que es tan grande e imponente que puedes apreciarlo a gusto.


Me encantó que esta vez recorrimos todo, TODO Palenque, llegando a templos recónditos como los templos XVIII, XIX y XX envueltos aún en selva.

Trepé los templos del conjunto de las cruces (aquí dejaron de escalar mis acompañantes).

Caminamos a lo largo del rio Otulum para llegar al grupo de los murciélagos y los baños de la reina, de donde tomamos una vereda y salimos a la carretera frente al museo de sitio.


Muchas personas suelen saltarse el museo pensando que es algo aburrido después de ver las grandes pirámides. Se equivocan. Por lo general las piezas más delicadas y elaboradas se resguardan ahí: estelas, incensarios y objetos varios de barro o cerámica. Además, tiene una recreación de la tumba de Pakal con la explicación de los grabados de la lápida y las pinturas de la sala.


En total, estuvimos como 6 horas en la zona arqueológica. Alrededor de las 4:30pm tomamos una combi de regreso a la ciudad. Con un hambre de perros nos pusimos a recorrer lugares, a ver qué se nos antojaba. Sin embargo se soltó un aguacero, de esos que se deja caer el cielo, lo que nos obligó a entrar al lugar más cercano: ¡una rosticeria!

No estuvo nada mal el pollo, comimos sabroso y barato. Lo malo es que no paraba de llover, así que nos fuimos caminando de toldo en toldo, tratando de llegar al hotel.

Repentinamente arreció el agua y nos metimos a una agencia de viajes. Empezamos a curiosear los tours que ofrecían. El dueño notó nuestro interés y nos empezó a sacar plática, tras lo cual nos contó sobre sus experiencias en más de 20 años en el negocio, primero como chofer de tours y luego en su propia agencia.

Aquí cabe mencionar que hay mucha oferta de agencias. El negocio está muy competido, por lo que en realidad no hay tanta variación en los precios. A lo mucho la diferencia oscila entre $50 y $100. En realidad uno debe fijarse en el vehículo que ofrece (no todos traen clima, que en viajes largos se agradece) y las actividades o amenidades incluidas en el tour (lean la letra pequeña).

Yo no le pensé dos veces y pagué el viaje de ida a Flores, Guatemala ($350). Chingue su madre. A ver cómo le hacía para moverme allá y regresar a México. El señor me empezó a dar muchos tips y me dijo a quién contactar allá (una agencia llamada "San Juan") para la ida a Tikal y el viaje de regreso. Raquel y Esther no quisieron cruzar a Guatemala y se decidieron por el tour a Yaxchilan y Bonampak pasando una noche en un campamento lacandón.

Tras pasar como hora y media en la agencia no había dejado de llover, por lo que el señor nos ayudó a conseguir un taxi de la calle y finalmente regresar al hotel a darnos un buen baño y preparar las mochilas.

Siguiente post: De ida a Guatemala

lunes, 18 de agosto de 2008

Eventos de familia

Este fin de semana que acaba de pasar me tocó viajar de pisa y regresa.

Fui a Tuxtla Gutiérrez, Chiapas a la boda de una prima (o ese creo que es el parentesco; hay que revisar el árbol genealógico).

El vuelo salió el sábado a las 9:35am, lo que implicó tomar carretera a las 8am. Lirida hizo el favor de llevarme y mi abuela también me acompañó.

Por primera vez en lo que llevo volando en Vivaaerobus, ¡el avión despegó a tiempo! Lo malo fue que no me sirvió de nada porque mis papás me recogieron del aeropuerto de Villahermosa una hora tarde. Solo paramos a comprar hamburguesas y echarle gasolina al carro y tomamos carretera hacia Chiapas.

Desde Villahermosa la ruta más corta es por Huimanguillo, lo malo es que hay muchas curvas y nunca falta un lento delante de ti. Lo bueno fue que eventualmente llegamos a Tuxtla y pasamos a Liverpool a comprar el regalo; mi madre aún no lo había comprado, siempre dejando todo para el final...

La misa fue a las 7pm en una pequeña iglesia toda de madera. Terminada ésta regresamos al hotel a seguir arreglándonos (nada más tuvimos 1 hora pues nos registramos a las 6pm en el hotel). Lo bueno es que el salón de eventos se encuentra justo enfrente y tuvimos tiempo para emperifollarnos.

La iglesia
El lugar estuvo agradable. A la fiesta asistieron familia y amigos de los novios, nada nuevo. Lo novedoso para mi era precisamente conocer toda esa familia que yo no conocía. Resulta que la novia y sus papás y hermanos vivieron hace muchos años en Minatitlán, creo que ya más de 20. Mi papá, quien ya trabajaba en Coatza, los visitaba frecuentemente. Esa estrechez se perdió un poco cuando se mudaron a Puebla.

Los recién casados

No les puedo decir que me reventé en la fiesta puesto que solo iba con mis papás, como mi hermana no quiso ir (tenía pretexto, ese día fue su cumple), además que no había nadie de edad cercana a la mía. Los invitados eran de +30 años y luego estaban todos los hijos de ellos, de 14 años para abajo.

Al día siguiente nos levantamos tarde y desayunamos con tranquilidad mientras platicábamos con otros familiares sobre cosas de familia como el árbol genealógico, relaciones de parentesco y varias anécdotas. Finalmente agarramos carretera hasta la 1pm.

Me gusta mucho Chiapas. Cuando me tocó viajar de copiloto me percaté de la sobrecogedora naturaleza y el tono de verde que esta tiene. Es un verde vivo, alegre, con ligeros tintes de amarillo. Muy distinto del verde que vi en los bosques europeos; ése es más sereno e intenso, con tonos de azul.
Vista de la carretera; mi mamá manejando, mi papá de copiloto

Por supuesto viajamos por la vía más rápida, cruzando la presa de Malpaso, solo que mi mamá se pasó de veloz; de la salida de Tuxtla a la entrada de Coatza hicimos 2:20 horas. Tan solo les digo que hasta el cinturón me puse cuando me tocó ir en el asiento de atrás y ver esas curvas en la carretera.

El domingo en Coatza no fue precisamente un día de descanso; le ayudé a mi mamá con la lavada de ropa y a barrer lo que había escarbado el perro en el patio. Mi papá regresó a México ese día por la noche.

A la mañana siguiente me tocó levantarme temprano para tomar el autobús rumbo al aeropuerto de Villahermosa y tomar el avión (también puntual) de regreso a Monterrey.

Dejo una foto tomada desde el puente Coatza I. Me doy cuenta que no tengo muchas fotos de la ciudad, por lo mismo que vivo ahí. A ver si en diciembre me voy unas vueltas para fotografiarla.

El río Coatzacoalcos y parte del puerto