domingo, 16 de junio de 2019

Göteborg - día 1

Escandinavia nunca ha estado en mi lista de regiones por conocer, sin embargo, por azares del destino llevo 2 países visitados. Hace 2 años fui a Copenhague y en esta ocasión tocó Gotemburgo. El motivo: la conferencia anual del Distrito 95 de Toastmasters (conformado por Alemania, Dinamarca, Noruega y Suecia). La conferencia sería de viernes a domingo, así que llegué desde el jueves para aprovechar y conocer.

Como las tarifas más baratas son en los horarios más incómodos, madrugué para tomar el vuelo de las 6:30am, con escala de una hora en Frankfurt. Al bajar del avión en Gotemburgo me encontré con una ciudad fría, gris y lluviosa. El transporte del aeropuerto me dejó en el centro de la ciudad, donde tuve mi primer sorpresa... ¡hay 7-Eleven por todos lados! Desde que estaba en Monterrey no veía esa cadena de tiendas.


 

Tras comprar el ticket del transporte público y hacer check-in en el hostal, me dispuse a buscar comida. Cuando investigué sobre qué visitar en la ciudad, muchos blogs mencionaban un food truck con comida tradicional a precios accesibles, por lo que me dispuse a buscarlo. El problema es que mi sentido de orientación aún no estaba calibrado y resultó estar bastante lejos, además que agarré el camión equivocado y me perdí en el trayecto.


Eventualmente di con el lugar (Luckans Fisk), que ya no es un food truck, sino pescadería y restaurante a la vez. Hambreada y con frío, entré al local y saludé a la chica en el mostrador. Para variar, me empezó a hablar en sueco (esta bien que soy alta pero no soy rubia escandinava). Cuando se dio cuenta que no entendía ni madres, me tradujo el menú a inglés. Pedí el especial del día: arenque frito acompañado de puré de papa y mermelada de arándanos. El menú incluye café, así que reposé la comida con una taza de oro negro, a la vez que tuve mi primer encuentro con la cultura cafetera de Suecia.

 

Oh si, los suecos aman su café. Con 3.2 tazas al día por persona, Suecia solo está por detrás de Holanda y Finlandia en los países que más consumen café. Ellos le llaman "Fika" al acto de tomar un café. Desde el desayuno, a breaks durante la oficina, a juntarse con amigos en alguna cafetería acogedora, siempre acompañado de algo dulce. Porque si, su café (siempre de filtro) es negro y amargo como la chingada. Acostumbrada al tostado medio del café veracruzano, tuve que ponerle harta leche y azúcar para poderlo tomar.



 Usualmente no me dejo amainar por el mal clima, sin embargo no cesaba de llover. Como no es muy agradable caminar bajo una llovizna constante y con un frío que cala en los huesos, opté por el plan B: visitar museos. Pagué la comida (89 SEK) y tomé el tranvía que me llevó de regreso al centro de la ciudad, rumbo a Kungsportsplatsen.

Caminé un rato por los alrededores, donde visité Saluhallen, un mercado local, y la catedral de Gotemburgo, rodeada por un lindo jardín. Eventualmente encontré el museo de la ciudad, donde me refugié las siguientes 3 horas.



El museo tiene varias exposiciones de las diferentes épocas de la zona. Desde la prehistoria, pasando por los vikingos, hasta la ciudad actual, que es de 1621. Fue construida al estilo de ciudades holandesas, lo que explica los canales y cierto estilo que aún conserva. Ubicada en la costa oeste del país, Gotemburgo se convirtió en un puerto importante, hasta ser hoy en día la 2a ciudad más grande de Suecia.


Me corrieron del museo a las 5pm. Afortunadamente, para esta hora ya había dejado de llover. Regresé al hostal y me eché una siesta (la madrugada aún pesaba). Tras reponer energías, me dirigí a Skansen Kronan, una fortaleza sobre una colina. No es el punto más alto de la ciudad, pero aún así, se disfruta la vista.




Al pie de la colina se encuentra el famoso barrio de Haga, conocido por sus tiendas de antigüedades y múltiples cafeterías, lo que le da un aire hipster. Sin embargo ya era tarde, por lo que me tocó recorrer sus calles vacías.




Afortunadamente, el café Husaren aún estaba abierto y entré para probar uno de sus famosos "Hagabulle" o rol de canela gigante (por supuesto, con su respectiva taza de café). Om nom nom 😋




A pesar de ser comelona, no me pude acabar el rol y lo pedí para llevar. De regreso en el hostal, pasé rápido al cuarto a dejar mis cosas, ya que para esa noche habían organizado una ida a un karaoke. Y ya saben que para la fiesta me pinto sola.

1 comentario:

arturosc dijo...

Gracias por compartir tu viaje a Gotemburgo, seguro la pasaste de lo mejor y por aquí esperaré las siguientes entradas de tu experiencia sueca. ¡Saludos!