Es muy fácil llegar y hay 2 maneras de hacerlo con transporte público. Una es tomar el tren desde la estación de Nyugati rumbo a Nagymaros y de ahí tomar el ferry a Visegrád. Los horarios del tren y ferry están sincronizados. La otra es tomar un camión desde Újpest-Városkapu (Estación M3 Újpest). En nuestro caso, optamos por esta última opción, aunque fueron casi 90 minutos de trayecto porque el autobús iba haciendo paradas en cada poblado.
Ya en la zona de Visegrád, nos bajamos en la primer parada al ver las ruinas del castillo. Tras merodear un rato buscando cómo subir la colina, nos topamos con la parte baja del castillo y su torre de Salomón, la cual contiene un pequeño museo sobre la historia del pueblo.
Sin embargo, la meta del día era la fortaleza en lo alto de la colina. Tras una caminata de unos 20 minutos cuesta arriba entre árboles, dimos con la entrada principal.
Tras pagar la entrada, nos dirigimos al mirador, donde se tiene una magnífica vista del Danubio y las colinas a su alrededor. Sobra decir que el clima se prestó para la ocasión.
Como museo, las ruinas albergan pequeñas salas con diferentes exhibiciones (caza y armaduras). Para mi, lo más entretenido fue caminar por todos los rincones e imaginarse cómo fue ese lugar hace cientos de años.
Caía el sol cuando emprendimos el regreso a Budapest. Sobra decir que el agua me relajó y me dormí todo el trayecto de vuelta, solo despertando cuando mi amigo me sacudió al llegar a la central de autobuses.










