lunes, 27 de enero de 2020

Sofia

I usually travel alone. I'm used to it and I must admit it's very convenient. I can go wherever I want, whenever I want and take all the time I wish without having to ask for anybody else's opinion. So when a friend asked me to share the accommodation on the upcoming trip to Bulgaria, I slightly hesitated. Did I really want to give up my freedom? But then, I rarely see these friends and the thought of hanging out with them outweighted my selfish doubts.

The only low-cost airline to fly to Sofia is WizzAir, but they only have 2 flights a week from Nürnberg. Therefore on my way there I had to travel by train to Frankfurt and then fly to Sofia. The journey was pretty incident free until I arrived to the metro station at the Sofia airport in the early evening. The exchange places had already closed and after fidgeting with the metro ticket machine for some minutes, I realized it did not accept cards. How the heck do they expect visitors to buy a metro ticket if you're not carrying Bulgarian coins!? A man saw my plight and gave me 2 leva (~1€; the ticket costs 1.6 leva). I felt relieved and like a stupid tourist at the same time.



Having bought my ticket and boarded the train, I made it to the center of Sofia without further hurdles. My friends arrived at the apartment almost at midnight and, given the long day, we all went straight to bed. Next morning we were rewarded with this view from our window. We were literally in the city center!


The morning was chilly and foggy as it looks on the picture. It was so cold that the snow from previous days had frozen. Nevertheless, the exploring spirit was stronger, so we braced ourselves, bundled up and went out to explore Sofia... but first, breakfast! We wandered through the city center, guided by the ever present Google Maps, until we found a small shop selling banitsa. This deliciousness is made with filo pastry and can have savory fillings such as cheese, spinach or minced meat, or sweet ones such as nuts or pumpkin. We could not decide so we ended up buying 3 big pieces of cheese, spinach and pumpkin banitsa to share.

Spinach banitsa

Pumpkin banitsa

The shop

After grabbing coffee to complement our breakfast, we walked to the Palace of Justice to take the free Sofia tour. This place is famous on its own because legend says that one of the 2 lion statues flanking the staircase is not in an able-to-walk position. What do you think?


I love taking these free tours, not just because I'm a guide myself, but they do give a good introduction to the city. Like I was telling a bulgarian friend, I barely remembered anything from my previous visit 7 years ago. Thankfully, all those summer pictures are posted in a Facebook album. Talk about filling in memory gaps.

Despite the cold day, there were a lot of people waiting to take the tour and eventually we were divided in 4 groups. For 2 hours we strolled through most of the city center, the guide being attentive enough to get us out of the cold as often as he could. Funniest thing of all, we found an Austrian Christmas market!


Exposed roman ruins in an underground passage
St. George Rotunda church
Former communist party headquarters

Ivan Vazov Theater
Russian church

Alexander Nevski cathedral

After the tour we only had an hour to pick up our bags and go to the meeting point, where a taxi would take us to Borovets, up in the mountains, for the Game of Words conference. I completely forgot about souvenir shopping and sending postcards (sorry enana!). Nonetheless, the laughs I had during the whole morning reminded me how awesome is to have travel companions. I smiled to myself. The weekend had just begun.

The exploring crowd

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sábado, 28 de diciembre de 2019

Plzen

Al igual que Gyor, muchas veces pasé por Plzen (Pilsen) en camino a Praga pero jamás se me había ocurrido parar a visitarla hasta que vi las fotos de un amigo. Venga, se encuentra a poco más de 2 horas de Núremberg (abreviación: Nbg), ¿por qué chingados no había ido? Aprovechando que vería a Lulalu en Praga, separé un día para por fin conocer Plzen.

Originalmente planeé viajar el domingo 29 de septiembre por la mañana desde Nbg pero por alguna extraña razón (¿día de descanso?) no encontré trenes o buses que salieran temprano. Opté por el plan B: viajar el sábado por la tarde a Praga y dormir ahí. Resultó ser una buena idea porque desde la capital hay trenes cada media hora y el boleto cuesta 125 czk (aprox 5€).  Así que, ya en Praga, ese domingo me levanté relativamente temprano para que me rindiera el día, logrando alcanzar el tren de las 8:45am. Hora y 15 minutos después, llegué a mi destino. Patitas a caminar.


Se preguntarán, ¿qué tiene de especial la ciudad? Además de ser la cuarta ciudad más grande de la República Checa, es hogar de... ¿ya adivinaron? la cerveza Pilsner Urquell, la primer cerveza pale lager o pils del mundo (también del auto Skoda, pero mi interés es otro). Y si, es imposible no ver la cervecería cuando uno va camino al centro.

Como era un domingo por la mañana, todo estaba muy tranquilo, excepto en la plaza principal, junto a la iglesia de San Bartolomeo. Resulta iba a haber una carrera en la ciudad y ese era el punto de partida. Quise entrar a la iglesia pero está cerrada hasta el 2020 por trabajos de remodelación (¿y la gente no va a misa o qué?) pero pude subir a la torre del campanario, donde se tiene una vista panorámica de Plzen.




Tras bajar de la torre, pasé a la oficina de información turística. Desafortunadamente no ofrecen tours, por lo que solo agarré un mapa. Donde sí hay tours es en el túneles subterráneos y hacia allá me dirigí. Estuvo chido porque dentro del recorrido cuentan la historia de la ciudad y, por supuesto, la razón de los túneles. Al igual que en Nbg, el suelo es de arenisca y los pobladores recibieron el derecho de hacer cerveza. Para conservarla, pues excavaron los túneles.



Al salir del tour pasé al museo de la cerveza, en el mismo edificio (hay un ticket combinado). El museo fue creado en 1959, cambió de manos e incluso lo cerraron un tiempo, hasta que en los 90's la cervecería lo compró, lo remodelaron y desde entonces vive su auge. Algo chido del tour fue que me dieron 2 cupones para una pils de 330ml, así que pasé al restaurante a cobrarlos y de paso comer.


Tras reponer energías, caminé hasta la gran sinagoga. Es la segunda más grande en Europa después de la de Dohany utca en Budapest. Tuve muchísima suerte, ya que el domingo era el último día que iba a estar abierta antes de una gran remodelación que durará hasta mediados del 2020. El interior es lindo pero si noté que le hacía falta una manita de gato, o zarpazo de tigre.



Tras la sinagoga, seguí recorriendo la orilla de la ciudad vieja (es muy pequeña). Pasé frente al teatro, la sinagoga vieja, el museo de etnografía y llegué al portal de la cervecería Plzeňský Prazdroj (en checo, obvio). Afortunadamente, alcancé boleto para el último tour del día (nota: comprar con anticipación a la próxima).



Siendo honesta, el proceso para fabricar cerveza es el mismo en todos lados. Si una ya ha tenido la oportunidad de visitar la Cuauhtémoc-Moctezuma en Monterrey o la Heineken en Amsterdam, pues, no descubrirás algo nuevo, pero eso no le quita lo interesante. Dentro del recorrido nos llevaron a la parte de enlatado y embotellado, para después pasear por las viejas calderas de cobre. Algo chido es que la cervecería tiene su propia red de sótanos, ya que la construyeron a mediados de 1800, antes de que se inventara la refrigeración. Ahí aún guardan unos tanques gigantes donde recrean cómo se fermentaba la cerveza antes de los adelantos tecnológicos. Y por supuesto, el gran final: probar cerveza sin filtrar y sin pasteurizar, directa del barril.



Durante el recorrido de la cervecería entablé conversación con otro chico que también viajaba solo. Al terminar el tour, resultó también iba para Praga, así que tomamos juntos el tren de regreso. Para hacerla más interesante, el compa resultó ser chef y nos la pasamos platicando sobre comida. Por supuesto me lucí con mi conocimiento de la gastronomía mexicana e incluso lo convencí de ir a cenar a "Las Adelitas", un restaurante mexa en la plaza del reloj en Praga. Muy buena comida y a buen precio. Tras la cena, nos despedimos y cada quien tomó su rumbo. Yo aproveché que la noche estaba agradable y me fui a merodear por Karvoly Most antes de regresar al hostal.


lunes, 18 de noviembre de 2019

Oslo - parte 2

Todo el sábado y la mañana del domingo estuve en el entrenamiento de Toastmasters (la razón del viaje a Oslo). El domingo, al terminar, hice mancuerna de nuevo con Steve para recorrer el resto de Oslo. Llegamos al puerto, donde encontramos varios foodtrucks y nos decidimos por el que parecía más noruego. Terminé pidiendo una hamburguesa de pescado, con queso café, tocino, salsa de lingonberry (un tipo de mora) y crema ácida. Si, suena rara la combinación pero todo junto tenía muy buen sabor.



El queso café, o Brunost, es una de esas curiosidades noruegas que tienen que tienen que probar y no, no es queso tal cual. El suero de la leche de cabra lo hierven hasta que se caramelizan los azúcares y ¡taraaaaan! se forma el bloquecito de "queso". De hecho me gustó el sabor, tal vez porque me recordó a la cajeta :)



En lo que terminamos de comer nos alcanzó Alexandra, la directora de división (que también vive en Núremberg). Andábamos dispuestos a la aventura, así que nos embarcamos en el primer ferry que vimos, el cual nos llevó a Hovedøya, una de las islas en el fiordo de Oslo. En el mapa se ve grande, pero en realidad atravesamos la isla a pie en 15 minutos. En su interior se encuentra una antigua abadía, por ahí del siglo 12.






En el ferry de regreso nos alcanzó otro compañero de Múnich. Recorrimos todo Aker Brygge (aka. el malecón) hasta llevar a Tjuvholem, la parte moderna y fancy de la ciudad. Las fotos no lo muestran pero el día estaba frío, por lo que entramos al café del museo de arte moderno Astrup Feanley a calentarnos con un cafecito.




Afortunadamente, el sol se dignó a salir. Con un mejor clima y un precioso atardecer, caminamos todo el malecón de regreso hasta la casa de la ópera y subimos al techo. De igual manera, aprovechamos para curiosear el interior del recinto.




Al día siguiente, lunes, me desperté sin prisas. En el desayuno me aventuré a probar la comida local, ya que en el buffet tienen una sección noruega con conservas de pescado: arenque en escabeche, arenque con mostaza, caballa (mackerel en inglés) en tomate (me supo a sardina) y camarones en crema. Sorprendentemente, todas me gustaron. No estoy segura de poder comer eso a diario, pero de vez en cuando no está mal. Ah si, incluí una última rebanada de queso café :P


Con la panza llena y tras hacer check-out, regresé al centro de Oslo. Ahí tomé un bus rumbo a Bygdøy, la península de los museos. En este lugar se encuentran el museo de cultura noruega, el museo de los barcos vikingos, el museo marítimo noruego, el museo del barco polar Fram y el museo de Kon-Tiki. Elegí este último por recomendación de mi padre, y vaya que estuvo interesante. No tenía ni idea de la historia pero ahí te la cuentan a detalle (chequen los links). Incluso llegué a tiempo para ver el documental original de 1950. Lo más impresionante es que tienen EL barco original.



Dieron las 2pm y poco a poco empecé la retirada. Tomé el bus de regreso al centro de Oslo y de ahí el tren con dirección al aeropuerto. En la sala de espera me encontré a Alexandra y juntas hicimos el trayecto de regreso a Núremberg. Terminé llegando a mi depa alrededor de las 11pm, muy cansada pero emocionada por todas las vivencias del fin de semana largo.

domingo, 20 de octubre de 2019

Oslo - parte 1

Vuelo madrugador a las 6am. Tomé el primer metro a las 5am. Estaba tan modorra que olvidé checar el ticket. De buenas que no hay controladores a esa hora. En la sala de espera me encontré a otro compañero director de área de Toastmasters, Steve, quien traía la misma cara de dormido que yo. A los pocos minutos empezó el abordaje y sin retrasos partió el avión.


En Amsterdam matamos las 2 horas de conexión con un buen (y necesario) café. Pa' mi suerte, el segundo vuelo no fue tan agradable, ya que me tocó una niña berrinchuda de vecina. Eventualmente llegamos a nuestro destino, Oslo. La razón: entrenamiento del Distrito 95 para directores de división y área.


Desde el cielo se veía precioso el panorama.
Tal vez mi padre tenga razón en eso de visitar los fiordos.
El aeropuerto está convenientemente conectado con su propia estación de trenes, por lo que tomamos uno que en 26 minutos nos dejó en el centro de la ciudad. Al llegar, buscamos una consigna donde dejar las maletas y buscamos algo de comer (ya rugía la panza). En esta ocasión no me di a la tarea de investigar, así que tomamos el free walking tour de la ciudad para que nos contaran sobre Oslo.


El punto de encuentro era junto a la estatua de un tigre, puesta ahí en honor al apodo de Oslo: Tigerstaden, o la ciudad tigre. Resulta que el poeta Bjørnstjerne Bjørnson escribió en 1870 un poema llamado "Sidste sang" que describe una batalla entre un caballo (representando el campo, seguro) y un tigre (representando la ciudad, peligrosa). Atrás quedaron los años "peligrosos"; hoy en día se interpreta a "la ciudad tigre" como algo emocionante y divertido.


Curiosamente, lo que vemos hoy en día es relativamente reciente. Como muchas ciudades del medievo, Oslo estaba hecha totalmente de madera y sufrió varios incendios. La encarnación actual data de 1624, cuando, tras arder por 3 días la ciudad, el rey Christian IV de Dinamarca ordenó que no se reconstruyera. En lugar de ello, se dice que agarró un mapa y donde apuntó su dedo, se construiría un nuevo asentamiento llamado Christiania (nada ególatra el rey). Eventualmente le regresaron el nombre de Oslo en 1925.



En la historia más reciente, durante los últimos 10 a 15 años han modernizado el paisaje urbano de Oslo. Vaya que les ha quedado precioso, sobre todo el área frente al mar. Destaca la casa de la ópera, que asemeja un iceberg, y el proyecto Barcode, llamado así por cómo los edificios asemejan un código de barras. El tour también nos llevó por la fortaleza, el puerto, el teatro nacional y el parlamento. Desafortunadamente no pudimos entrar al ayuntamiento (dicen que es impresionante por dentro) ya que era el último día de las elecciones y se disponían a empezar el conteo de los votos.

Casa de la ópera

Fortaleza

Puerto

Ayuntamiento

Parlamento

Barcode project
Una casilla de votación

Al terminar el tour me encaminé hacia la locación donde tendría lugar el primer evento de Toastmasters del fin de semana. Atravesé el barrio de Grønland, el área multicultural de la ciudad. Para mi sorpresa, llegué a una microcervecería llamada Siste Sang. Resulta el presidente del club que sesiona en noruego es uno de los socios y prestó el lugar para la ocasión. Sobra decir que me atoré en la barra pidiendo recomendaciones de cervezas. Como 2a sorpresa, el bartender resultó ser mexicano (¡estamos en todos lados!). Las presentaciones tuvieron lugar en la parte de los tanques y al terminar nos dieron una explicación del proceso de fabricación de cerveza.

 



Dichosos días largos del verano, salimos del evento aún con la luz del sol y nos dirigimos a un restaurante para cenar. Aunque después algunos le siguieron de largo, esa noche no hubo fiesta para mi. Solo quería llegar a la cama y dormir.