domingo, 20 de octubre de 2019

Oslo - parte 1

Vuelo madrugador a las 6am. Tomé el primer metro a las 5am. Estaba tan modorra que olvidé checar el ticket. De buenas que no hay controladores a esa hora. En la sala de espera me encontré a otro compañero director de área de Toastmasters, Steve, quien traía la misma cara de dormido que yo. A los pocos minutos empezó el abordaje y sin retrasos partió el avión.


En Amsterdam matamos las 2 horas de conexión con un buen (y necesario) café. Pa' mi suerte, el segundo vuelo no fue tan agradable, ya que me tocó una niña berrinchuda de vecina. Eventualmente llegamos a nuestro destino, Oslo. La razón: entrenamiento del Distrito 95 para directores de división y área.


Desde el cielo se veía precioso el panorama.
Tal vez mi padre tenga razón en eso de visitar los fiordos.
El aeropuerto está convenientemente conectado con su propia estación de trenes, por lo que tomamos uno que en 26 minutos nos dejó en el centro de la ciudad. Al llegar, buscamos una consigna donde dejar las maletas y buscamos algo de comer (ya rugía la panza). En esta ocasión no me di a la tarea de investigar, así que tomamos el free walking tour de la ciudad para que nos contaran sobre Oslo.


El punto de encuentro era junto a la estatua de un tigre, puesta ahí en honor al apodo de Oslo: Tigerstaden, o la ciudad tigre. Resulta que el poeta Bjørnstjerne Bjørnson escribió en 1870 un poema llamado "Sidste sang" que describe una batalla entre un caballo (representando el campo, seguro) y un tigre (representando la ciudad, peligrosa). Atrás quedaron los años "peligrosos"; hoy en día se interpreta a "la ciudad tigre" como algo emocionante y divertido.


Curiosamente, lo que vemos hoy en día es relativamente reciente. Como muchas ciudades del medievo, Oslo estaba hecha totalmente de madera y sufrió varios incendios. La encarnación actual data de 1624, cuando, tras arder por 3 días la ciudad, el rey Christian IV de Dinamarca ordenó que no se reconstruyera. En lugar de ello, se dice que agarró un mapa y donde apuntó su dedo, se construiría un nuevo asentamiento llamado Christiania (nada ególatra el rey). Eventualmente le regresaron el nombre de Oslo en 1925.



En la historia más reciente, durante los últimos 10 a 15 años han modernizado el paisaje urbano de Oslo. Vaya que les ha quedado precioso, sobre todo el área frente al mar. Destaca la casa de la ópera, que asemeja un iceberg, y el proyecto Barcode, llamado así por cómo los edificios asemejan un código de barras. El tour también nos llevó por la fortaleza, el puerto, el teatro nacional y el parlamento. Desafortunadamente no pudimos entrar al ayuntamiento (dicen que es impresionante por dentro) ya que era el último día de las elecciones y se disponían a empezar el conteo de los votos.

Casa de la ópera

Fortaleza

Puerto

Ayuntamiento

Parlamento

Barcode project
Una casilla de votación

Al terminar el tour me encaminé hacia la locación donde tendría lugar el primer evento de Toastmasters del fin de semana. Atravesé el barrio de Grønland, el área multicultural de la ciudad. Para mi sorpresa, llegué a una microcervecería llamada Siste Sang. Resulta el presidente del club que sesiona en noruego es uno de los socios y prestó el lugar para la ocasión. Sobra decir que me atoré en la barra pidiendo recomendaciones de cervezas. Como 2a sorpresa, el bartender resultó ser mexicano (¡estamos en todos lados!). Las presentaciones tuvieron lugar en la parte de los tanques y al terminar nos dieron una explicación del proceso de fabricación de cerveza.

 



Dichosos días largos del verano, salimos del evento aún con la luz del sol y nos dirigimos a un restaurante para cenar. Aunque después algunos le siguieron de largo, esa noche no hubo fiesta para mi. Solo quería llegar a la cama y dormir.

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