Originalmente planeé viajar el domingo 29 de septiembre por la mañana desde Nbg pero por alguna extraña razón (¿día de descanso?) no encontré trenes o buses que salieran temprano. Opté por el plan B: viajar el sábado por la tarde a Praga y dormir ahí. Resultó ser una buena idea porque desde la capital hay trenes cada media hora y el boleto cuesta 125 czk (aprox 5€). Así que, ya en Praga, ese domingo me levanté relativamente temprano para que me rindiera el día, logrando alcanzar el tren de las 8:45am. Hora y 15 minutos después, llegué a mi destino. Patitas a caminar.
Se preguntarán, ¿qué tiene de especial la ciudad? Además de ser la cuarta ciudad más grande de la República Checa, es hogar de... ¿ya adivinaron? la cerveza Pilsner Urquell, la primer cerveza pale lager o pils del mundo (también del auto Skoda, pero mi interés es otro). Y si, es imposible no ver la cervecería cuando uno va camino al centro.
Como era un domingo por la mañana, todo estaba muy tranquilo, excepto en la plaza principal, junto a la iglesia de San Bartolomeo. Resulta iba a haber una carrera en la ciudad y ese era el punto de partida. Quise entrar a la iglesia pero está cerrada hasta el 2020 por trabajos de remodelación (¿y la gente no va a misa o qué?) pero pude subir a la torre del campanario, donde se tiene una vista panorámica de Plzen.
Tras bajar de la torre, pasé a la oficina de información turística. Desafortunadamente no ofrecen tours, por lo que solo agarré un mapa. Donde sí hay tours es en el túneles subterráneos y hacia allá me dirigí. Estuvo chido porque dentro del recorrido cuentan la historia de la ciudad y, por supuesto, la razón de los túneles. Al igual que en Nbg, el suelo es de arenisca y los pobladores recibieron el derecho de hacer cerveza. Para conservarla, pues excavaron los túneles.
Al salir del tour pasé al museo de la cerveza, en el mismo edificio (hay un ticket combinado). El museo fue creado en 1959, cambió de manos e incluso lo cerraron un tiempo, hasta que en los 90's la cervecería lo compró, lo remodelaron y desde entonces vive su auge. Algo chido del tour fue que me dieron 2 cupones para una pils de 330ml, así que pasé al restaurante a cobrarlos y de paso comer.
Tras reponer energías, caminé hasta la gran sinagoga. Es la segunda más grande en Europa después de la de Dohany utca en Budapest. Tuve muchísima suerte, ya que el domingo era el último día que iba a estar abierta antes de una gran remodelación que durará hasta mediados del 2020. El interior es lindo pero si noté que le hacía falta una manita de gato, o zarpazo de tigre.
Tras la sinagoga, seguí recorriendo la orilla de la ciudad vieja (es muy pequeña). Pasé frente al teatro, la sinagoga vieja, el museo de etnografía y llegué al portal de la cervecería Plzeňský Prazdroj (en checo, obvio). Afortunadamente, alcancé boleto para el último tour del día (nota: comprar con anticipación a la próxima).
Siendo honesta, el proceso para fabricar cerveza es el mismo en todos lados. Si una ya ha tenido la oportunidad de visitar la Cuauhtémoc-Moctezuma en Monterrey o la Heineken en Amsterdam, pues, no descubrirás algo nuevo, pero eso no le quita lo interesante. Dentro del recorrido nos llevaron a la parte de enlatado y embotellado, para después pasear por las viejas calderas de cobre. Algo chido es que la cervecería tiene su propia red de sótanos, ya que la construyeron a mediados de 1800, antes de que se inventara la refrigeración. Ahí aún guardan unos tanques gigantes donde recrean cómo se fermentaba la cerveza antes de los adelantos tecnológicos. Y por supuesto, el gran final: probar cerveza sin filtrar y sin pasteurizar, directa del barril.
































































