A pesar de la desvelada, el check-out del hostal era a las 10am. Sin llorar. Por el lado positivo, tan pronto entregué mi llave en recepción, caminé a la estación de trenes y tomé el siguiente a Heidelberg, a tan solo 15 minutos de distancia.
Como compré un ticket por zonas (y dura 90 minutos), aproveché para tomar el autobús 33 que te lleva hasta el funicular que sube al castillo. El ticket para subir y bajar con el funicular y entrar al interior del castillo cuesta 7 euros. No está mal el precio pero estaba larga la fila y preferí subir por las escaleras (300 escalones), lo cual estuvo mucho mejor porque además aprecié las bonitas casas del vecindario.
En realidad el castillo está en ruinas desde 1764. Si leen un poco sobre su historia (https://es.wikipedia.org/wiki/Palacio_de_Heidelberg, aunque está más completo en inglés), pensarán que está salado. Empezó como una pequeña fortaleza a finales del siglo XIII y fue expandido conforme pasaron los años, hasta que le pegó un rayo en 1537. Por supuesto fue reconstruido. Luego, durante el siglo XVII fue atacado por ambos bandos durante la guerra de los Treinta Años, mientras que los franceses lo incendiaron y destruyeron 2 veces durante la guerra de los Nueve Años, al final del mismo siglo. A mediados del siglo XVIII lo renovaron pero justo el día antes de que lo volvieran a ocupar, dos rayos le pegaron y causaron un incendio que terminó por devastarlo. Fue considerado una señal divina.
Por fortuna, la entrada es libre para todo el exterior y los jardines, los cuales son muy, muy amplios y con muy bonitas vistas hacia el río y la ciudad. Fácil pasé unas 2 horas tomando fotos y caminando tranquilamente.
Tras reponer energías (el día estaba muy soleado y caluroso), visité la iglesia del Espíritu Santo (Heiliggeist), en la plaza central. Como curiosidad, la iglesia estuvo dividida por una pared durante más de 200 años, culpa de las disputas entre católicos y protestantes.
Caminé de regreso al puente y esperé junto a esta curiosa estatua a que llegara el guia del free walking tour.
No es de los mejores guías que haya tenido, pero estuvo bien para tener un overview de la ciudad y sí nos enseñó algunas curiosidades, como la preciosa iglesia jesuita y la biblioteca de la Uni, de estilo Art Noveau.
Cansada de estar horas caminando, me senté en una banca junto al río y aprecié como los locales también disfrutaban el domingo soleado.
Sin embargo, el viaje para mi llegaba a su fin y me eché más de media hora caminando hasta la estación de trenes para tomar el autobús de regreso a Núremberg, después de un fin de semana lleno de aventuras.





















































