Sábado 6 de diciembre
Desperté y vi el camino rodeado por la niebla matutina del valle de México. Debería haberme quedado dormida más tiempo porque aun faltaban 2 horas más para llegar a la Central del Norte.
Cuando llegué, mi papá me estaba esperando. Tan pronto estuvo la maleta en la cajuela, salimos rumbo a su depa. Sorteando las calles cerradas de imprevisto en el DF, llegamos después de 1 hora.
Ahí me di un buen regaderazo, desayuné un rico tamal oaxaqueño y empaqué las botas de nieve que me mandó mi mamá. La maleta volvió a la cajuela y agarramos camino a casa de mi tios (paternos) a quienes no veo desde mi quinceaños (en los últimos 7 años he ido a su casa pero nunca estaban ellos).
Platicamos cerca de 1 hora. Sorprendidos que ya hablara alemán, la conversación tomó tintes muy curiosos, aunque debo admitir que me encantó el
pochismo que se escuchaba al mezclar estos 2 idiomas.
A mediodía agarramos camino para el aeropuerto. Mi avión salía a las 3:30pm y según la reglamentación, hay que estar 2 horas antes. Con una hora que nos tardemos en llegar, aun tenemos tiempo de sobra, ¿no?
¡Mentira!
Mi papá empezó a echar madres desde Insurgentes creo, apenas saliendo de Satélite, por el embotellamiento. Saliendo de ahi avanzamos ágilmente por no se que avenida hasta Río Consulado, donde todo se fue al caño. Están reparando la lateral y por eso todos los vehículos deben circular por los carriles centrales, lo que significa... ¡embotellamiento! Para colmo, más adelante se vuelve de 2 carriles e incluso de 1 carril. En este pedazo que calculo no fueron más de 5km tardamos aproximadamente 45min. Un detalle del DF para que no lo olvidara.
De todos modos llegamos a tiempo al aeropuerto y al mostrador de Mexicana. Llené mi forma de migración (con la cual llevan de registro de mi entrada y salida del país) y me presenté para pedir mi boleto. Me pidieron la dirección donde iba a pasar mi estancia. ¿Que qué?
Se me olvidó por completo que en Estados Unidos te piden eso. Hace mucho tiempo que no me adentraba en territorio estadounidense, puesto que para ir a jugar a Laredo y Brownsville no te piden otra cosa mas que la visa. En Europa son más relajados y solo te preguntan a que ciudad vas. El problema fue que no tenía ningún dato de Valeria (la amiga con quien me estoy quedando). En el área de documentación tienen una PC con conexión a Internet, así que chequé mi email para sacar el teléfono de Allison (una amiga que estudia en Chicago y estuvo en el Tec de intercambio el semestre pasado) y hablarle de volada. Me contestó y me dio su dirección. Regresé al mostrador y obtuve mi boleto sin más problemas.
Creo que fue al ordenar comida japonesa ambos, mi papá y yo, cuando nos acordamos del japonés que estaba viviendo en la Terminal del aeropuerto (que hasta salió en las noticias). Le echamos un vistazo a toda el área de comida donde se supone se la pasaba todo el tiempo, pero no lo vimos. Tal vez haya buscado otro aeropuerto donde instalarse.
A las 3pm decidí que era buena hora para pasar a la sala de abordar. Antes me compré una revista, Arqueología mexicana, para entretenerme. La sala asignada fue la 28, al lado de donde sale el vuelo de Lufthansa pero 5 horas más tarde.
El avión llegó retrasado por lo que apenas a las 3:25pm dieron el aviso de abordar. Para las 3:50 el avión estaba en pista cuando se escucha la voz del piloto por la bocina informándonos de un problema en el sistema hidráulico que debía ser reparado. Al escuchar esto me quería dar de golpes contra la mesita enfrente de mi. Tardó más de 30 min en ser reparado pero por fin a las 4:45pm el vuelo 802 de Mexicana despegó rumbo a Chicago.
Curiosamente en el avión no pusieron película pero es el único vuelo de Mexicana en el que me han dado comida y no galletitas o cacahuates.
Dormitando por ratos, creo que vi Tampico (me senté en ventanilla) y muchas ciudades de Estados Unidos. Me encanta como se ven las luces de las ciudades desde arriba; en mi momento de inspiración geek las relacioné con un microprocesador funcionando.
Dieron las 8:40 cuando el piloto nos avisó que sobrevolábamos Chicago (aunque yo había visto desde antes las luces de la ciudad), dió el reporte meteorológico y las recomendaciones usuales al desembarcar. Mi alegría creció al ver porciones blancas de la pista. ¡Había nieve!
No tardé mucho en pasar por migración, si acaso 15 min y eso porque había alguien más delante de mi. Siempre toma más tiempo recoger la maleta. Finalmente atravesé la puerta que me separaba del mundo exterior.
Que cara traia después de todo el ajetreo