sábado, 11 de marzo de 2017

Mohács y los Busójárás

Sabía que la temporada de carnaval estaba cerca, por lo que me puse a buscar festividades en el país, descubriendo así sobre los Busójárás (se pronuncia Bu-sho-ya-rash) en Mohács (se pronuncia Mo-ja-ch). 

El pueblo es conocido en la historia por la batalla que ocurrió en sus cercanías el 29 de agosto de 1526, donde las fuerzas otomanas de Solimán el magnífico derrotaron a los húngaros, causando miles de muertos (entre ellos el rey e importantes miembros de la nobleza) y la pérdida de la soberanía húngara durante los siguientes 150 años. 

Otra de las características del pueblo es su mezcla de etnicidades, ya que antiguamente ahí vivían y convivían en armonía húngaros, alemanes, serbios y croatas. De éstos últimos forman parte los Sokci, quienes se consideran nativos del lugar y son quienes celebran el festival de los Busójárás. 

El festival se celebra durante las fechas de carnaval y se cree que con ello se ahuyenta al invierno, aunque los locales prefieran la versión de la leyenda donde se disfrazan para espantar a los otomanos.  Cabe mencionar que desde el 2009 forman parte de la lista de patrimonio intangible de la Unesco.

Al igual que en carnaval, en jueves se abren los festejos y se cierran en martes con la quema de un ataúd (entierro del invierno), alcanzando su cúspide en domingo, que fue cuando preferí ir. 

Para maximizar mi tiempo en el pueblo viajé en el primer autobús del día, a las 7am, llegando a Mohács poco antes de las 10am. La parada de autobuses se encuentra prácticamente en el centro de la ciudad y desde ahí se veía la calle principal flanqueada a izquierda y derecha por puestos de comida y artesanías.  Los eventos principales empezaban hasta la 1pm, por lo que aproveché para mironear todos los puestos y recorrer parte del pueblo, que poco a poco se iba llenando conforme llegaban más autobuses con turistas como yo. 



Entre la gente se paseaban los Busós, hombres disfrazados con capas de piel de borrego y máscaras de madera con cuernos, con cencerros o latas amarradas al cinturón y matracas; la idea es hacer ruido para espantar al invierno. 


Noté que muchos también traían colgados pachitas e incluso botellas de plástico con lo que creo era vino (¿o tal vez pálinka?), uno que otro cargaba con un falo de madera (¿vestigios de ritos de fertilidad?) 



y otros traían donas ensartadas en los cuernos, para efectos cómicos (al igual que en países sajones, en Hungría hay una tradición de comer donas el martes antes del miércoles de ceniza). 


Por otro lado, las mujeres visten trajes tradicionales y usan antifaces con velos para cubrirse la cara. 




Para la 1pm todo mundo se movió a la orilla del río, para ver cómo los Busós cruzaban el Danubio y así empezar el desfile rumbo al centro del pueblo. Desafortunadamente yo estaba algo lejos y casi no se distinguían. 


De ahí regresé a la plaza principal, donde se presentaron varios grupos de música y bailes tradicionales. 




Tras un par de horas, por fin llegó el desfile a la plaza. Así como las comparsas o las cofradías, hay grupos de Busós, la gran mayoría con sus carros alegóricos. 


Ya en la plaza se dan rienda suelta para bromear con los asistentes (entiéndase dry humping). Por alguna extraña razón algunos grupos tienen cañones (de salva, claro) y se la pasan tronándolos. Al caer el sol encendieron la hoguera y bailaron alrededor de ella. 



No me quedé muy tarde ya que mi autobús salía de regreso a las 8pm. Se hizo un borlote ya que había como 5 autobuses de la misma compañía rumbo a Budapest y el número de unidad no estaba indicado en ningún lado, por lo que había que preguntarle a cada chofer y entre tanta gente... pero bueno, al final me pude subir a uno, cansada por el día largo pero contenta por la experiencia.

Para leer más (en inglés):

sábado, 18 de febrero de 2017

Eger

Para ayudar a integrar a los estudiantes que están de intercambio, (creo) en todas las universidades europeas existen grupos locales del Erasmus Student Network o red de estudiantes Erasmus en español (https://es.wikipedia.org/wiki/Red_de_Estudiantes_Erasmus).

Erasmus es el programa europeo de intercambio universitario (https://es.wikipedia.org/wiki/Programa_Erasmus). Según Wikipedia, en el 2017 se cumplen 30 años de su existencia (contando a sus antecesores) y se ha colado en la cultura popular, ya que se han escrito novelas e incluso filmado documentales y películas sobre las vivencias de los estudiantes (una muy famosa es L'auberge espagnole con Romain Duris - https://es.wikipedia.org/wiki/L%27auberge_espagnole).

A lo que quiero llegar es que, para la población en general escuchar que estás de intercambio Erasmus significa peda y la verdad, se lo han ganado a pulso, a su vez que esta fama hace que varios de los estudiantes vengan con esa idea. ¿Círculo vicioso tal vez?

Los mentores de las ESN organizan muchísimos eventos durante todo el semestre para integrar a los extranjeros. Al menos en mi universidad, cada miércoles se visita un bar distinto y los viernes son días asegurados de fiesta. Sin embargo, también organizan actividades culturales y viajes a ciudades dentro y fuera de Hungría. El viaje a Eger (https://es.wikipedia.org/wiki/Eger) fue precisamente el primero que organizaron este semestre.

El punto de reunión fue frente al edificio principal de la uni, donde abordamos el autobús que nos llevaría a esta pequeña ciudad a 140km de Budapest. Lo malo fue que salimos en viernes casi a las 4pm, nos pescó el tráfico y tardamos alrededor de 30 min en salir de la capital.

Ya en Eger, llegamos al motel y nos juntamos en grupos de 4 para la asignación de habitaciones, donde me tocó estar con 3 chicas de Estados Unidos. Cenamos ahí mismo, ya que la cena estaba incluida. Una hora más tarde, nos llevaron a la cata de vinos de un viñedo local, donde nos dieron a probar 2 vinos blancos, 1 rosado y 2 rojos. Mi favorito fue el rosado y terminé comprando una botella.





De regreso en el hotel, hubo fiesta en 2 cuartos pero yo me fui a dormir como a la 1am.

A la mañana siguiente, tras el desayuno nos llevaron a visitar el castillo de Eger, muy importante en la historia húngara porque en 1552, 2,000 pobladores (húngaros, obvio) repelieron el ataque del poderoso ejército otomano con 40,000 turcos. Eventualmente los turcos regresaron en 1596, conquistaron la ciudad y Hungría fue parte del imperio otomano durante 150 años.



Tras la visita guida por el castillo, nos dieron tiempo libre para recorrer el centro de la ciudad.

Plaza Dobo


Iglesia Minorita

Entre calles

Basílica

Subí el estrecho minarete turco, desde donde se aprecia una linda vista de la ciudad.



A media tarde, nos reunimos todos en la basílica y fuimos a un parque a jugar flunkyball, un juego alemán para ponerse ebrio. Les dejo un video aquí: https://youtu.be/ESxRTomRBBM (si, está medio aburrida la explicación pero fue el más corto que encontré).

Tras una ronda de juego se ocultó el sol y empezó a hacer más frío, por lo que regresamos al motel a cenar y por supuesto, a seguir la fiesta. Los mentores organizaron un rally por todo un piso del motel con varias estaciones, cada uno con un juego. La juerga empezó temprano y como buena abuela, de nuevo me escabullí a dormir por ahí de la 1am. Como era de esperarse, a la mañana siguiente no había casi nadie en el desayuno, donde me enteré que varios le dieron hasta las 5am.

Para curar la resaca, los mentores planearon una ida a un baño termal. Jamás había uno a mi vida y vaya que fue una buena y relajadora experiencia. Además, eso de nadar en agua calientita (y sulfurosa) mientras estás al aire libre está genial.


Estuvimos unas 3 horas en el balneario y luego nos llevaron a comer a un restaurante en el centro de Eger, tras lo cual emprendimos el regreso a Budapest. Sobra decir que me quedé súper dormida durante todo el camino, al igual que todos en el autobús.

lunes, 30 de enero de 2017

¿Qué chingados hago en Budapest?

Es lo que se han de estar preguntando ustedes. Digo, por algo están leyendo esto. Pues bueno, aquí les va una breve explicación.

Resulta que cuando estaba buscando estudios de maestría, me emocionó mucho encontrar uno con las características que deseaba (sobre todo las materias en inglés), tanto así que no leí a detalle todo lo que involucraba el programa (raro en mi).

Ya aceptada, inscrita y reubicada en Alemania, durante la semana de inducción hubo un evento de bienvenida específicamente para los de mi programa de estudios. Tras tocar varios temas como la carga de materias y el portal de la universidad, mencionaron la obligatoriedad de hacer un semestre de intercambio y cómo aplicar.

¡¿QUÉ?!

Fácil más de la mitad de los extranjeros pusimos cara de susto. ¿Por qué diantres me tengo que ir de intercambio si precisamente ya vengo de fuera a estudiar? Uno de los valores agregados de la maestría en International Information Systems (http://iis.uni-erlangen.de/) es precisamente su énfasis en lo internacional, tanto para atraer alumnos de fuera y formar un ambiente multicultural, como en mandar fuera a los alumnos para que amplíen sus horizontes.

Como alumna regular podía aplicar a cualquier institución con la que mi universidad tiene convenio o incluso irme como free mover (uno arma su propio intercambio). Prácticamente podía aplicar a cualquier parte del mundo, incluso México (tienen convenio con la UNAM y la UDG).

Revisando las opciones, un convenio con una universidad en Tailandia me llamó la atención y no porque hubiera materias de mi área. La idea de conocer ese país y eventualmente viajar por el sudeste asiático se apoderó de mi imaginación. Tras revisar los rigurosos requisitos de su visa (y el hecho que te limitan a una sola entrada y salida, lo cual limitaría posibles viajes), me dio flojera pasar de nuevo por todo el borlote de la papelería. Así que decidí mejor buscar en Europa, al fin que tengo permiso de residencia alemán y debería ser más sencillo hacer cualquier trámite dentro de la UE, ¿cierto?

Descarté varios países. En Francia la gran mayoría de los cursos son en francés, al igual que en Italia con el italiano. Irme a España sería hacer trampa con el idioma. Suiza es muy caro y en Austria todas las materias son en alemán. "¿Pero que no fuiste a aprender el idioma?" pensarán. Si, pero no es lo mismo hablar en el día a día (en el cual me considero competente) que el argot técnico de una disciplina, además tendría el acento austriaco de por medio (y tengo suficiente con los dialectos franconio y bávaro).

Entre las opciones también venía Hungría y mi ratón echó a andar. Budapest es una de las grandes capitales europeas, reconocida por su arquitectura y cultura. Su ubicación en Europa del Este es ideal para seguir viajando y el costo de vivir es muy barato.  ¿Por qué no ir?

Apliqué a finales de enero del año pasado y para finales de febrero me informaron que había sido nominada según mi elección. Tenía la opción de cursar el semestre de verano/otoño o invierno/primavera. Elegí esta última para poder disfrutar la ciudad en ambas estaciones. En abril me contactaron de la universidad anfitriona, pero como estudiaría hasta el 2o semestre del año no había mucho por hacer.

En noviembre se abrieron las aplicaciones para el período en que yo iría y empecé la búsqueda de un departamento. Tuve suerte en dar con otra mexicana que conocí en el Tec y está estudiando también acá en Budapest (¡Hola Elisa!). A principios de enero compré mi boleto de avión y como no hay plazo que no se cumpla, heme aquí. Que vengan las aventuras.

miércoles, 1 de abril de 2015

Toniná, Chiapas

A finales de enero de este año viajé a San Cristóbal de las Casas, Chiapas a la boda de una muy buena amiga. Entre la boda civil el jueves y la religiosa el sábado, tendría el viernes libre y no sabía que hacer con el. Conozco bastante bien la región, precisamente porque he viajado mucho para visitar a mi amiga y me ha dado recorridos por la zona, así que me puse a pensar que podía conocer.

¿San Juan Chamula? ¿Zinacantán? ¿Teopisca y sus elotes? ¿Chinkultic? ¿Cascada Velo de novia? ¿Lagunas de Montebello? Ya conozco todos esos lugares (sin presumir).
¿Viaje express a Palenque? Fui el año pasado.
¡¿Entonces?!

De pronto se me prendió el foco. ¡Toniná, claro! Viene como parada intermedia de los tours entre Palenque y San Cris. En un momento de ocio en la oficina busqué en google sobre el lugar. No hay mucha información; suele ser un sitio pequeño y poco visitado. Lo único bueno que encontré fue el blog de un chavo que relató su visita al sitio, con todo y gastos de transporte, entrada y comida.
Desde entonces no me pude sacar la idea de la cabeza.

El jueves por la noche mis roomies de la boda y las demás chicas se la pasaron dándose ideas de qué conocer, ya que para algunas era la primera vez que viajaban a Chiapas. Yo tenía mi plan fijo en la mente.

Al día siguiente, viernes, me levanté relativamente temprano, almorcé muy bien en una fondita frente a mi hotel y caminé rumbo a donde salen las camionetas a Ocosingo, que queda justo al lado de la central de ADO.

¿Por qué camioneta y no ADO? Aunque el ADO es más espacioso y cómodo, es algo lento, hay pocas corridas y al día de hoy cuesta $74. En cambio el pasaje en las camionetas vale $60 y éstas salen tan pronto se llenan (entre 10 y 15 min, es muy concurrido).

El camino tiene muchas curvas ya que es el tramo donde bajas de los altos de Chiapas hacia la selva lacandona. Tras 2 horas de recorrido, llegué a la central de camionetas en Ocosingo. Ahí pregunté cómo llegar a donde salen las combis rumbo a Toniná. Me dijeron que en el mercado, pero no mencionaron COMO llegar al mercado. Total, un taxista me dijo que me llevaba por $25.
Al parecer el sitio arqueológico de Toniná está al final de una ruta de combi y la ida hasta allá salió en $12.

La entrada al sitio sale en $52 y lo que más me llamó la atención es que está rodeada de ejidos zapatistas. Así como lo leen.




Del museo de sitio caminas un pequeño tramo hasta la plaza principal. Del lado izquierdo hay una cancha de juego de pelota.



Pero si volteas a la derecha, observarás de frente la imponente acrópolis que fue la ciudad.



Toniná significa "la casa de piedra" en tzeltal. En sentido metafórico, se refiere a la residencia de las luces del cielo y de las deidades del tiempo; lugar de calendarios y rituales.

La acrópolis está formada por 7 plataformas, una escalera central con 260 escalones y 13 templos en la cúspide. Mide 74 metros de altura, lo que la hace una de las más altas de México.

Una característica única del sitio es que la estructura tiene espacios para palacios, templos, habitaciones y secciones administrativas; algo así como todo en uno. Si se compara, todos los demás sitios arqueológicos tienen una pirámide o construcción para cada tipo de función.

El lugar se encuentra repleto de curiosidades, de las cuales les dejaré varias fotos.

Del lado derecho sobre la segunda plataforma se encuentra la entrada a un laberinto de pasadizos dentro de la pirámide, conocido como el Inframundo.


Pared de las grecas.



Trono de Venus



El templo del monstruo de la tierra.


Algo que me sorprendió del lugar es la gran cantidad de esculturas y relieves de estuco que aún se conservan.




A juzgar por la evidencia encontrada, Toniná fue una ciudad bélica, con Palenque como uno de sus grandes rivales. En el sitio se encuentran muchas representaciones de guerra y cautivos. Curiosamente, muchas de las estatuas (que ahora se resguardan en el museo) están decapitadas.



Terminé mi recorrido por el sitio y el museo poco antes de las 5 de la tarde. Esperé unos 15 a que llegara la combi que me llevaría de nuevo al mercado. Ya estaba atardeciendo y amenazaba con llover por lo que inmediatamente tomé un taxi hacia la central donde agarré la camioneta hacia San Cristóbal. En el camino los gruñidos de mi estómago hicieron me arrepintiera de no comer en Ocosingo, sin embargo no erré en el pronóstico ya que nos llovió en el camino.

Eran como las 8 de la noche cuando llegué a San Cristóbal y tan pronto toqué tierra, me las lancé con las demás chicas para ir a cenar.

Semana Santa 2014: Tikal - parte 1

Escuché al israelita madrugar para tomar un tour a Tikal donde ves la salida del sol. Afortunadamente no tuve problemas para volverme a dormir hasta que sonó mi alarma por ahí de las 7 de la mañana.


Me despabilé y salí a desayunar. Encontré un restaurante donde ofrecían un abundante desayuno por 80 quetzales. Muy parecido a los de México, incluía jugo de naranja, café, frijoles negros, huevo con longaniza del Petén y avena. Sabia decisión para el día largo que me esperaba por delante. Regresé al hostal a preparar la mochila y los víveres, estando lista cuando el transporte pasó por mi a las 9am.

Tikal está lejos de Flores, a una hora de distancia. La carretera rodea medio lago Petén-Itzá para luego avanzar entre la selva y entrar al parque nacional Tikal.


Había una fila de camionetas turísticas a la entrada, digo, ya era "tarde", pero me dio la impresión que ahí siempre hay fila. Para agilizar la entrada, el ayudante del chofer recolectó el dinero de todos los que ibamos en el transporte y se bajó a comprar las entradas. Si eres guatemalteco, el ingreso cuesta Q.25, pero si eres extranjero el ingreso cuesta Q.150. ¡Ouch! Ha de ser toda una minita de oro, la joya de la corona maya.


A la entrada de la zona arqueológica tienen una maqueta del sitio. Ahí el ayudante del chofer nos explicó las zonas en que esta subdividido el lugar y los edificios más importantes, para luego encaminarnos a donde empieza el recorrido y ofrecernos sus servicios de guía.




Como prefiero andar por mi cuenta (además que no traía dinero), me aparté del grupo y comencé a caminar hacia la selva. Noté que otra chica también se separó, así que le pregunté si visitábamos juntas el lugar. Accedió de buena gana y me contó su historia mientras caminamos hacia las ruinas.

Siguiente post: Tikal - parte 2

jueves, 7 de agosto de 2014

Semana Santa 2014: De ida a Guatemala

No paró de llover en toda la noche. A las 6am pasó el transporte a recogernos al hostal y seguía lloviznando. Lo bueno fue que conforme avanzábamos al sur disminuía la lluvia, quedando solo las nubes sobre las montañas.


Alrededor de las 8am paramos a desayunar a un comedor sobre la carretera, el cual creo debe ser un negociazo para las señoras que lo atienden porque estaba a reventar de gente, todos de camionetas de tours. Desafortunadamente el precio de mi traslado no incluía el desayuno y tuve que desembolsar $80. Sin embargo la comida estuvo buena: jugo de naranja natural, café chiapaneco, huevo revuelto, frijoles negros en bola, tortillas recién hechas y plátanos fritos; sencillo pero de sabor casero.

El comedor tiene mesas largas y bancas de madera que acomodan varias personas. En la que nos sentamos Raquel, Esther y yo se nos unió un chico de Bélgica. Es muy curioso cómo la gente se sincera al viajar sola. Nos contó que vive en Bruselas y conmuta todos los días a París porque ahí trabaja. Iba a estar dos semanas de vacaciones en México, pero sin su novia porque ella se había enfermado justo antes de viajar.

Tras media hora retomamos camino y poco antes de las 10 am llegamos a Frontera Corozal. Ahí hay que pagar $15 a la entrada del pueblo por derecho de paso. Cabe mencionar que toda esa zona está controlada por indígenas. Incluso, sobre la carretera hay letreros indicando la entrada a comunidades zapatistas.


Como era la única del grupo que cruzaría a Guatemala, el chofer me bajó primero en la oficina del Instituto Nacional de Migración en lo que dejaba a los demás en el embarcadero rumbo a Yaxchilán. El único oficial que estaba a cargo me pidió el FM3 (visa para extranjeros). Solté la carcajada. Tras una breve charla sobre mi (no) pinta de mexicana, llené el formulario de salida y selló mi pasaporte (mexicano).

En lo que esperé a que regresara el chofer, me senté en la orilla de la terraza del INM. El lugar estaba desierto. El oficial también salió a sentarse y me puse a platicar con él. Me contó que es de la costa del Pacífico de Chiapas y llevaba 11 años trabajando en el INM, la mayor parte en la frontera sur del país y una temporada en el aeropuerto del DF. Se me quedó grabada una anécdota de cuando trabajó en el aeropuerto: le tocó ver la cantidad exorbitante de dinero que ingresa al país por todos los extranjeros que pagan la visa. Dinero hay, falta honestidad.

Regresó el chofer y me llevó al embarcadero, donde consiguió la lancha para cruzar a La Técnica. Creo que le salió en $50 porque ese fue el billete que le dio al lanchero. No tardamos ni 5 minutos en cruzar el río. Ya del lado guatemalteco un chavo de la cooperativa del ejido pasó por mi. El lanchero le dio el dinero de mi pasaje (un billete de $100).


En la choza de la cooperativa me dieron el boleto para el camión, que llegó a los pocos minutos pero salimos aproximadamente una hora después. En lo que esperaba vi como barrían kilos de arena de la camioneta y tuve miedo. Los operadores resultaron ser de la agencia San Juan Travel.




El primer punto de migración en Guatemala se encuentra en Bethel, a 30 minutos de La Técnica. Paramos a que nos sellaran el pasaporte. El guía de la camioneta, que tenía pinta de pirata, nos comentó que cobran Q.40 (quetzales, la moneda guatemalteca) por el permiso de ingreso al país. Afortunadamente para nosotros, ellos nos podían cambiar dólares y pesos mexicanos. Al momento del post (julio 2014) el tipo de cambio está a Q.7.84 por dolar, pero cuando yo viajé estaba a Q.6.7, sin embargo los del transporte nos lo dieron a $2 pesos por quetzal.

Me dio mucho coraje su descaro. Por supuesto había investigado con anterioridad y no hay pago al entrar por tierra a Guatemala, solo por vía aérea. En la fila en migración, vi cómo otras personas, bien intencionadas, daban el dinero y el oficial lo recibía sin chistar. Cuando fue mi turno, solo presenté mi pasaporte. El oficial lo selló sin dirigirme palabra alguna. Me pregunté qué tan coludidos han de estar los de la agencia con los de migración.

Continuamos el viaje. Tras 3 horas de empanizarme en terracería y la última hora en carretera pavimentada, llegamos a Flores. Se trata de ciudad turística localizada sobre una isla en el lago Petén Itzá y punto de partida para todos los tours a Tikal.


Como buena agencia de viajes, la primer parada fue en su oficina, lo cual no me vino mal ya que quería asegurar mi viaje de regreso. Cuál fue mi sorpresa al enterarme que el viaje de regreso a Palenque con visita a Bonampak y Yaxchilán salía en ¡$110 USD!. Sin las visitas costaba Q.265 (aprox $40 USD). Un. Pinche. Robo. Para colmo, no aceptan tarjetas de crédito, solamente efectivo (¿alguien dijo evasión de impuestos?).

A regañardientes pagué los $110 USD, ya que no quería regresar a Palenque sin pasar por esas 2 zonas arqueológicas.También pagué el transporte para la ida y vuelta a Tikal al día siguiente (Q.25). Lo malo fue que prácticamente me quedé sin efectivo. Solo traía $200 pesos mexicanos en el bolsillo.

Para aquellos que no teníamos hospedaje, de la oficina nos llevaron a varios hostales. El primero en el que pregunté estaba muy barato (Q.35 la noche) pero lleno. Al siguiente que pregunté costaba Q.40 la noche, tenía camas libres y me aceptaron los pesos, además de contar con una bonita vista al lago.


En realidad era una casa de 4 pisos adaptada con muchos cuartos, cada uno con 4 camas y su propio baño. Sin embargo estaba tan cansada que lo único que quería era una cama y agua corriente.


Tras un regaderazo, salí a pasear al malecón, el cual está lleno de pequeños restaurantes y bares, muy pintoresco. Para mi fortuna encontré un restaurante que aceptaba tarjetas de crédito y pedí una buena cena.

Cuando regresé al hostal encontré que tenía un pelirrojo con pecas como compañero de cuarto. Me contó que era un israelita que llevaba casi un año viajando por centro y sudamérica, tras haber terminado su servicio militar.

- "No pareces israelita", le dije.
- "¿A qué se parece un israelita?, me respondió.

Me acordé del oficial de migración en Frontera Corozal y me quedé callada.

Platicamos unos minutos más y apagamos la luz para ir a dormir, ya que ambos visitaríamos Tikal al día siguiente.

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